Nüshu, escritura de mujeres

El Nüshu o Nü Shu parece despertar mucho interés en los círculos feministas, porque dicen que es un idioma creado por mujeres. En primer lugar hay que aclarar que no se trata de un idioma, sino de un sistema de escritura empleado entre mujeres en la región de Jiang Yong, de la provincia china de Hunan. De hecho nüshu significa 'escritura de mujeres'.
Aunque se descubrió para los estudiosos alrededor de 1980, su antigüedad se remonta a entre cuatro (Norma Paci) y dieciocho siglos (Wikipedia).
Las mujeres jóvenes creaban redes sociales y afectivas, denominadas “hermandades juradas”, pero al casarse eran arrancadas de ellas, porque, además de pasar a un mayor control y sometimiento social, muchas veces tenían que trasladarse a otras aldeas y quedaban recluidas en la casa del marido. Marginadas del aprendizaje de la lectura y escritura, crearon su propio sistema para poder comunicarse entre ellas sin conocimiento de los hombres. Si la lengua es un sistema de dominio (por ejemplo, el lenguaje jurídico y técnico, que maneja el poder para dominar al pueblo), también lo es de resistencia contra ese dominio (jergas marginales que tratan de burlar los controles del poder).
Aunque existen diferentes teorías y leyendas sobre su origen, la mayoría coincide en que el nüshu nació de la necesidad de comunicarse de la mujer joven y aislada. A esto parece deberse que la mayoría de los textos se refiera a los aspectos íntimos y cotidianos de la vida, escritos como diario personal o expresión de reflexiones, esperanzas y miedos.
Al igual que ocurrió con los caracteres chinos o árabes, los del nüshu, se utilizaron a menudo con fines decorativos y se grababan en vasijas, abanicos o sábanas, manteles y vestidos bordados... Esto favoreció que se mantuviera oculto o, al menos, pasara desapercibido para los hombres. También sirvió para escribir las “cartas del tercer día”, una especie de folletos en tela, en las que las madres aconsejaban a sus hijas para la vida de casada.

Entre las consecuencias de la existencia de este sistema de comunicación, destaca el hecho de que se produjeran muy pocos suicidios entre las mujeres que lo utilizaban (ver otras relaciones entre lenguaje y suicidio) y que éstas tuvieran un mayor desarrollo cultural que otras mujeres y una actitud más desafiante frente al poder.
Por este motivo, el Partido Comunista Chino trató de prohibir este “lenguaje de brujas”. La prohibición, junto con el cambio en la forma de vida de las mujeres, tras la Revolución, ha llevado al nushu a la desaparición, tras la muerte de la anciana Yang Huanyi, quien durante la Conferencia de la Naciones Unidas sobre la Mujer (Pekín, 1995) había entregado a los estudiosos cartas, poemas y artículos escritos en ese lenguaje.
Desde el punto de vista lingüístico, diremos que consta de unos dos mil caracteres que representan sílabas de los idiomas yi y yao. Dicha cantidad de caracteres son la mitad de los necesarios para representar todas las sílabas, por lo que se recurre a dígrafos (es decir, se recurre a dos caracteres para representar una sílaba, al igual que en nuestro idioma recurrimos a dos letras para un solo sonido: ch, ll). Muchos caracteres del nüshu proceden del chino estándar, aunque son más estilizados y de forma rómbica; suelen estar formados por sólo cuatro trazos a los que pueden añadirse puntos o arcos. Se escribe de arriba abajo y de derecha a izquierda.
Tampoco es cierto que este sistema de escritura se oponga al chino porque representa sílabas en lugar de palabras. El chino no suele representar palabras, sino morfemas monosilábicos; lo que ocurre es que combina pictogramas (monosilábicos) para formar ideogramas (bisilábicos) y fonogramas.

Actualmente el Gobierno Chino y varias universidades se esfuerzan en salvar la herencia cultural de estos escritos en nüshu. Con ayuda de la Fundación Ford, también se está creando un museo del nüshu, que quiere recoger los aspectos sociales en que se desarrolló este sistema de escritura y estudiar y conservar los textos.
Por otra parte, la recuperación del nüshu, puede tener consecuencias económicas y sociales inmediatas. Algunas ancianas realizan “cartas del tercer día” para venderlas a estudiosos y turistas, lo que puede desarrollar una incipiente industria local que conlleve el desarrollo económico de las mujeres del lugar.
En 2002, Lisa See viajó a la provincia de Huan para estudiar esta escritura nüshu, y recogió testimonios de mujeres que la conocían y el testimonio de la última hablante Yang Huanyi. A partir de esa estancia y conocimiento, escribió la novela “El abanico de seda” (Editorial Salamandra, 2006.)

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