El pelo y la identidad sexual

Desmond Morris dijo que el hombre era “el mono desnudo”, porque nuestro cuerpo no está cubierto de pelo que nos proteja. Esa desnudez nos diferencia de nuestros parientes los simios. No obstante, en algunas partes del cuerpo, los humanos conservamos pelo con diferentes funciones o significados.

Es evidente que el pelo no está distribuido de igual forma en los hombres que en las mujeres.

En la infancia, el pelo se limita a cubrir la cabeza tanto en los varones y como en las hembras. La sociedad corresponde a esta no diferenciación y trata a ambos sexos, en general, de forma más igualitaria que en la edad adulta, a pesar de que el cabello se corte y peine con intención diferenciadora.

El nacimiento de pelo en el cuerpo, es el síntoma de que la persona se hace adulta y abandona la infancia, teóricamente asexuada. En la adultez, la distinción del sexo tiene una gran importancia, tanto biológica como social, y el pelo que nos proporciona la naturaleza colabora a destacar la identidad sexual.
El pelo natural más diferenciador entre hombres y mujeres es el facial: barba y bigote. No es casual que sea la parte más visible en las relaciones sociales. El pelo del pecho es un rasgo considerado de especial masculinidad.
En otras partes del cuerpo (axilas, piernas, brazos), surge tanto en el caso de las mujeres como de los hombres, aunque sea más abundante en su caso. En esas zonas del cuerpo, las mujeres de las sociedades más modernas evitan mostrarlo, recurriendo a la depilación. Es posible que, con ello, busquen distanciarse de lo masculino y compensar la tendencia a la igualación laboral, social, conductual o incluso en el vestuario. Actualmente son los hombres más jóvenes los que, en esto de la depilación, como en lo del teñido del cabello, tienden a la igualación con las mujeres y son cada vez más los que evitan el pelo en el cuerpo.

En nuestra sociedad, todavía no significa lo mismo teñirse el pelo para las mujeres que para los hombres.
El tinte es habitual entre las mujeres. Antes de que salgan las canas, con fines puramente estéticos; cuando empiezan a tenerlas, para disimular la edad y conservar un aspecto más joven y atractivo. Cuando una mujer decide no teñirse, o quiere subrayar su personalidad, por encima de la valoración social o transmite que ya ha renunciado a atraer posibles parejas sexuales.
En cambio, los hombres no suelen recurrir al tinte. Aunque muchos jóvenes sí lo hacen actualmente, por gusto estético o por sentimiento de pertenencia a un grupo, en la madurez no es habitual y sigue siendo penalizado como un rasgo feminoide. Las canas en los hombres no están penalizadas estéticamente como las de las mujeres, y son valoradas socialmente porque sugieren la idea de ‘madurez’, ‘responsabilidad’, ‘sabiduría’.

Con respecto a la calvicie, aunque en la femenina es excepcional, vuelve a darse la doble consideración entre hombres y mujeres. Una mujer calva, es impelida a utilizar peluca y puede reconocer abiertamente que la usa. La falta de pelo en la cabeza implica una cierta derrota para el hombre, pero está mejor considerado quien la soporta con cierta naturalidad que quien trata de disimularla. Un calvo con peluca, o con peinado tipo ensaimada para disimular la calvicie, suele ser motivo de burla o, al menos, de callado desprecio. No hay mayor ofensa para un calvo disimulado que hablar de esos trucos en su presencia, como refleja la expresión “ni hablar del peluquín”.

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