¿Afecto, erótica o poder?

Angela Merkel se siente incómoda con los gestos afectuosos de Sarkozy. No comparten el mismo lenguaje corporal. Aunque hay dudas sobre la veracidad de la noticia, el periódico suizo “Le Matin” informó de que la canciller alemana se había quejado a través de su embajador en París de los modos demasiado amigables con que la trata el presidente francés.

¿Pero la queja se debe a que existe una diferencia de lenguaje no verbal o a que Merkel entiende perfectamente el lenguaje de Sarkozy?
La mayoría de los medios de comunicación considera que se trata de un malentendido cultural: los dos mandatarios no comparten el mismo concepto de la distancia personal que debe existir en sus encuentros políticos.

Cada cultura y cada individuo tiene su propio concepto de espacio personal. Cuando dos personas difieren en ese concepto surge la incomodidad: una verá invadido su espacio y la otra podría percibir rechazo. En el mundo árabe o hispanoamericano, las personas se relacionan situándose muy próximas; en Asia, hay que mantener mayor separación para no incomodar al otro; En Europa, la distancia es intermedia, pero no deja de haber sutiles, aunque notables diferencias entre diferentes países o regiones.

Eduard Hall, creador del término proxemia, hizo notar que la distancia física en las relaciones personales está interrelacionada con la distancia social entre las personas. Distinguió cuatro distancias: íntima, personal, social y pública. Hall trató de definir objetivamente (pero desde un punto de vista anglosajón) cada una de ellas y le asignó unos valores en pulgadas o pies. Pero hay zonas que pueden ser confusas y, por otra parte, cada individuo define las suyas de acuerdo con su cultura y circunstancias personales.

La noticia que comentamos se debería a que Sarkozy y Merkel consideran diferente la distancia física que exigirían sus encuentros políticos.
La canciller alemana cree que su homólogo no respeta la distancia personal, propia de las reuniones sociales y de trabajo (entre 50 cm y algo más de un metro, contacto físico muy limitado) y que entra en la distancia íntima (inferior a 50 cm.y reservada a las relaciones de mucha confianza: familia y amigos). Su cultura, influida por el protestantismo y el comunismo, no considera normal un acercamiento excesivo entre las personas, ni tocarse mientras se conversa, ni hacer demasiada ostentación de los sentimientos. Una buena relación personal no exigiría tanta cercanía física, ni contactos físicos. Merkel considera invadido su espacio íntimo, porque no comparte el mismo concepto de proxemia que Sarkozy: ella cree que es suficiente un apretón de manos para saludarse; pero Sarkozy la besa. Después del saludo, el presidente francés se mantiene físicamente muy cercano e incluso la toma del brazo, le pone la mano sobre el hombro, le palmea la espalda...

La cultura de Sarkozy, católica y mediterránea (a pesar de sus orígenes húngaros y judíos), no censura la demostración pública de afecto y permite una mayor proximidad y contacto físico entre los interlocutores. También es posible que él reduzca la distancia personal debido a su propio carácter o su interés por demostrar una cercanía ideológica o de intereses nacionales.

En la prensa española, aunque no han faltado los titulares objetivos como el de El Periódico de Aragón: “A Merkel le molesta el trato de Sarkozy” ; han predominado los de referencias eróticas que encierran tanto una crítica al populismo de Sarkozy como una burla del puritanismo alemán: “A Merkel no le gusta que Sarkozy la manosee” (El País); “No me achuches, Sarkozy” (El Mundo); “A Merkel no le gusta que Sarkozy la toque” (Cadena Ser); “Los arrumacos entre Merkel, Sarkozy” (20 minutos); “A Merkel le incomodan los toqueteos de Sarkozy” (La Vanguardia).
Sin que la noticia llegara a ocupar grandes titulares, ya en septiembre, los periódicos The Times y Le Parisien habían publicado la noticia de que a Merkel no le gustaban las formas del presidente francés; pero lo atribuían a que la canciller alemana consideraba que los abrazos, besos y palmaditas no eran sino una forma de “imponer el control” en las relaciones políticas. Reflejarían la voluntad de dominar la situación.

En las relaciones personales, está aceptado que quien tiene un estatus superior pueda tocar al inferior, pero no al contrario: piénsese en las relaciones médico-enfermo, profesor-alumno, encargado-operario... Si la relación de estatus no estuviera definida, quien inicie el contacto físico adquirirá una importante ventaja, y debería ser impedido o limitado por quien no desee ser dominado. Por ejemplo, tras una discusión, el ofendido suele marcar la distancia emocional e impedir la reconciliación con un furioso mandato: “¡No me toques!”. El dejarse tocar implicaría dejar la iniciativa al otro y concederle ventaja. Cuando no hay un verdadero cariño, el tocamiento implica un cierto grado de violencia. A este sentido podría aludir otro titular del periódico 20 minutos: “Angela Merkel no quiere que Nicolas Sarkozy le ponga la mano encima”.

Si es cierta la noticia de que la queja se ha tramitado por vía diplomática, parece lógico pensar que las verdaderas razones del enfado de Merkel responden al pragmatismo político.

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1 comentario:

Rogério Ribeiro Macêdo dijo...

Yo soy brasileño y muchas veces entre brasileños o brasileñas no sé lo que hacer. Si puedo llegar más próximo o no, principalmente en relación a las mujeres.

Pero, cuando hablamos de personas de culturas diferentes, lo mejor es siempre ser formal. Si vengo se una cultura muy informal, como la brasileña, lo mejor es esperar que la otra permita una aproximación más cercana.


ps: perdoname los errores de mi español.