Saludos: significado de su amplificación

Saludar es mucho más que decir “hola” o “buenos días”: facilita las buenas relaciones con otras personas y nos permite mostrarnos educados y corteses.
El saludo es una señal de unión personal que pretende transmitir a los demás que les deseamos lo mejor o, al menos, no les deseamos ningún daño. Por esto, el no saludar o no devolver el saludo demuestra hostilidad, personal o social. Retirar el saludo a alguien es una forma de agresión.
Las diferentes formas de saludo (beso, apretón de manos, inclinación de cabeza, simple mirada...) vienen condicionadas por la relación personal o la distancia física entre las persona (amor, familiaridad, amistad, cercanía, relación profesional, simple gesto de cortesía, etc.), pero lo que no debe faltar es un gesto amable o una sonrisa que refuerce la sinceridad del saludo.

En los momentos importantes, los saludos se amplifican y se procura hacer exhibición de ellos. Esto ocurre, por ejemplo, al encontrarnos con alguien después de una larga separación, cuando alguien cambia de situación personal (al casarse o tener un hijo) o en acontecimientos (cumpleaños o reuniones sociales). Por ejemplo, en el encuentro tras una larga separación, el saludo exagerado parece querer compensar los saludos que no hemos dado en ese tiempo; y al despedirnos para un largo periodo, también exageraremos los gestos como si buscáramos que el otro se lleve una reserva de nuestro afecto.

El saludo en las reuniones sociales se organiza en cuatro fases de exhibición:
Exhibición de incomodidad: Hacemos cosas que no son cómodas, como muestra de respeto hacia los demás y para demostrar que nos esforzamos por él: nos vestimos con mejores prendas y con más cuidado que el resto de los días, incluso de etiqueta; podemos desplazarnos a buscar al invitado; en casa, salimos a recibirlo a la puerta, etc. La mínima incomodidad sería esperar sentado hasta que aparece el invitado y entonces levantarse para saludarlo.
Exhibición lejana: Con diferentes gestos, mostramos que hemos visto a quien vamos a saludar e, incluso, los “presaludamos”: sonreír, levantar las cejas, mover la cabeza, gesticular con la mano, intento de abrazar, una voz.
Exhibición cercana: Se caracteriza por el contacto corporal (abrazo, beso, apretón de manos, llanto de emoción, etc), el contacto visual y la sonrisa. Su intensidad depende de la relación personal anterior, el tiempo de separación, los acontecimientos ocurridos desde entonces (la muerte de un familiar, una enfermedad o el matrimonio de uno de los que saluda), el lugar de encuentro, las costumbres culturales, etc.
Exhibición servicial: El anfitrión sirve personalmente o de forma vicaria al invitado: recoge su abrigo, le acerca una silla, le ofrece una bebida, etc.

La forma de exhibir el saludo no sólo depende del ámbito cultural en que nos hemos educado, sino también del carácter de cada persona. Por ello pueden surgir conflictos o malos entendidos.

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