Género y terminación: del latín al castellano

El género de los sustantivos en español es, en la mayoría de los casos, el mismo que tenían en latín, excepto los que en esta lengua eran neutros, porque este género se perdió en nuestra lengua. No obstante ha habido algunos cambios de género o forma en el paso del latín al castellano.
En latín, la oposición de las terminaciones –u/-a ya se sentía en muchos casos como una oposición masculino / femenino, porque la mayoría de los sustantivos terminados en –u (que evolucionaron a –o en castellano) eran masculinos y la mayoría de los terminados en –a eran femeninos.
Como ya expuso Ángel Rosenblat (“Morfología del género en español. Comportamiento de las terminaciones –o, -a” NRFH, XVI, 1962) en el paso del latín al castellano, se produjo un doble proceso de analogía: el género se acomodó a la forma y la forma al género.

Cambio de género motivado por la terminación:
Los femeninos en –us y los neutros en –u, –us –um pasaron al castellano con género masculino: tempus ‘teimpo’; mancipium ‘mancebo’.
Los nombres de árboles y arbustos, que en latín eran femeninos en –us, pasaron a ser masculinos: ulmus ‘olmo’; fraxinus ‘fresno’; platanus ‘plátano’; cerasus ‘cerezo’; pinus ‘pino’; sabucus ‘saúco’; thimus ‘tomillo’. En cambio, los nombres de frutas, que eran neutros (pirum, citrum, pomum...) pasaron a ser femeninos a partir de la forma del plural en –a con valor colectivo..
Surgió la oposición –o /–a, que diferenciaba árbol y fruta y se mantuvo en préstamos de otras lenguas, como el árabe: naranjo / naranja.
La oposición –o /–a con valor léxico se extendió a otros campos y con otros valores: leño /leña; saco /saca; barco / barca; cesto / cesta, huerto / huerta, olmo / olma...
A veces, esta oposición –o /–a con valor léxico está acompañada de la oposición del término culto masculino y del termino popular femenino procedente de neutro plural: voto / boda; folio / hoja; pacto / pauta.

Cambio morfológico motivado por el género etimológico:
Los nombres de algunas piedras preciosas, que en latín eran del género femenino y terminaban en –us, pasaron al castellano con terminación en –a: amethystus ‘amatista’; smaragdus ‘esmeralda’. En ello, seguramente influyó la presencia en aposición (o sobreentendida) de la palabra piedra.

Son muy pocas las palabras que han cambiado a la vez de género y terminación, y han pasado de un masculino en –u al femenino en –a o viceversa. Dentro de estas excepciones encontramos calceus (masc) ‘calza’ y medulla (fem) ‘meollo’. El caso de meollo procede de considerar el femenino singular medula como un neutro plural y, a partir de él, crear un neutro analógico, medullum.

Artículos relacionados:

Modista o modisto
Acentuación de los verbos terminados en -uar.
Rasgos fonéticos del español en Andalucía y América.

2 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Muy interesante vuestro blog, claro y documentado. Leí la presentación y creo que es muy bueno que en el afán divulgativo se tenga cierta rigurosidad, criterio descuidado muchas veces en este medio virtual.
Gracias por la labor, os animo a continuar. Un saludo.

Esopo dijo...

Isabel:
Muchas gracias por tu comentario y el ánimo que nos transmites. Nos alegra que te interesen los temas que tratamos. Un saludo.