Argot de los carteristas

Existe un amplio número de palabras en el argot de los delincuentes para referirse al robo de carteras y monederos. El que exponemos aquí creemos que es la más habitual en Madrid y quizá en España. No podemos estar seguros de ello, porque una de las características de esta jerga o jerigonza es su continua renovación para mantenerse alejada del conocimiento de los ciudadanos y de la policía.

En términos de este argot, los carteras, sañeros o ‘carteristas’ (término aceptado por DRAE), siempre están buscando un peluca, lila, primo o julay ‘víctima’ a quien poder atacar el bolsillo para intentar ganarle ‘robarle’ la pelleja, saña, música, limo o burro ‘cartera’.
Los bolsilleros son los que roban, con cualquier técnica, el limo o limonero ‘monedero’ en los bolsos, especialmente de las mujeres.
Los lugares más propicios para su labor son aquellos en los que hay mara o pasto ‘aglomeraciones’.
La víctima hacina ‘guarda’ la cartera o monedero en los filis ‘bolsillos interiores’, en los drilos o fosos ‘bolsillos exteriores en general’; en los grilos o papadas ‘bolsillos laterales exteriores’, en las buhardillas ‘bolsillo superior y exterior de la chaqueta o camisa’, en la cula o culata de los alares ‘bolsillo trasero de los pantalones’. Hay filis de la buena o el bueno ‘bolsillo derecho’ y filis de la manca o el malo ‘bolsillo izquierdo’ Actualmente, al no estar ya de moda vestir el chaleco del traje, no es usual referirse al filis de la doble o filis del chupo.
Los carteristas suelen ir acompañados por uno o dos consortes o tapias ‘cómplices’, quienes pueden desempeñar diferentes trabajos: barbear o parchear la pelleja ‘palpar los bolsillos de la víctima para localizar la cartera’, poner en banda al primo ‘colocar a la víctima en una posición que facilita el robo’, correr el burro ‘pasarse la cartera robada de mano en mano’ o molestar e interponerse entre el sañero y el lila.
Dentro del amplio grupo de los carteristas, se distinguen varios tipos: los piqueros (antiguamente llamados faldriqueros o dorsistas) que utilizan el pico ‘dedos índice y corazón en forma de pico’ para sacar la cartera del bolsillo; los lanceros, que se valen de una lanza ‘pinza larga’; los chinaores, que con un chino ‘cuchilla’ (o cualquier otro objeto cortante: uña metálica postiza, bolígrafo o barra de labios con punta cortante, etc) cortan la tela exterior del bolsillo para ordeñar ‘recoger la cartera’ que cae del bolsillo. En estas formas de hurto, el delincuente suele valerse de una muleta ‘periódico, chaqueta, u otro objeto’ para ocultar la mano que sustrae la cartera y trata de no ser mordido ‘advertido o descubierto’ por la víctima, que no podrá saber quién le ha robado.
En cambio, otras formas sí permiten saber, aunque suele ser muy tarde, quién es el delincuente. Son las que de la mancha, que consiste en limpiar ‘robar’ la cartera mientras se trata de limpiar una mancha que previamente han causado “accidentalmente” y el hurto al paso, a lo visto o ‘al encontronazo’ en el que el delincuente tropieza o choca con la víctima.

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