Hacer novillos

¿Qué significa hacer novillos y de dónde procede la expresión? Hacer novillos es ‘dejar de asistir a algún sitio al que se tiene obligación de ir, especialmente faltar los estudiantes a clase para divertirse’.

Creemos que en el significado de esta locución verbal han confluido varias frases con sentidos distintos, pero que apuntaban, todas ellas, a la idea de que el joven tiende a divertirse y evitar las obligaciones. Y los novillos, por su vitalidad, sus connotaciones sexuales y su utilización en las fiestas populares, son un buen referente de la diversión.

Vamos a ver cuáles pueden ser los orígenes:

Cobarrubias y Correas relacionaron la expresión con ‘ir a comprar novillos’:
“Irse de novillos es un término aldeano, cuando algún mozo ha salido del lugar con ánimo de ver el mundo, y se vuelve dentro de poco tiempo, como hace el que va a comprar novillos para la feria”. (Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611).
“Ir por novillos. Fue por novillos. Dícese de los mozos que se amontan de casa. Por ironía, que no sabrán granxear para traer novillos” (Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales, 1627).
Esta idea de huída del hombre joven y de poco provecho, junto con el parentesco etimológico de los términos novillo, nuevo, novato, pasó al ambiente militar. En la obra anónima La vida y hechos de Estebanillo González (1646) encontramos que se llamaba tornillo novillo al soldado novato que desertaba; y al resto de los desertores, soldados de tornillo (porque tornaban a casa). De ahí pudo pasar, por analogía, al ambiente estudiantil: reclutas y estudiantes son hombres jóvenes que tienden a descuidar sus obligaciones.

No hay que descartar que la expresión encierre una comparación de la persona que evita la obligación con el novillo, que está libre y sin domar o que aún no se ha acostumbrado a la obligación del yugo:
“Mi nombre es Estebanillo González entre los españoles (...) Mi oficio es el de buscón, y mi arte el de la bufa, por cuyas preeminencias y prerrogativas soy libre como novillo de concejo.” (Anónimo, La vida y hechos de Estebanillo González 1646)
“Pero apenas el celoso mozo se sintió libre, cuando como novillo recién domado a quien la primera vez quitó el labrador el yugo, se vuelve al campo, comenzó, dando saltos, a seguir la espesura del monte”. (Lope de Vega, La Arcadia, 1598)
En el Diccionario de Autoridades, encontramos que novillo, ‘en sentido festivo se usa alusivamente para notar al sujeto a quien hace traición su mujer’. Hacer novillos significaría 'cometer adulterio, poner los cuernos' al marido o novio de una mujer, lo que muchas veces se hace abandonando discretamente las obligaciones del momento.
“No vayas Gil, al Sotillo / que yo sé / quien novio al Sotillo fue / que volvió después novillo”. “La tacaña, apasionada / del dómine y su hisopillo, / hace a su novio novillo”. (Góngora, Letrillas)
“Tendrá la del maridillo, / si en disimular es diestro / al marido por cabestro / y al galán por cabestrillo. / De su novio hará novillo, / y ansí con él arará;” (Fco. Quevedo, Poesías)
Si relacionamos la expresión con la afición taurina popular, podría venir del hecho de que los estudiantes que deseaban ser toreros se escapaban de clase para ir a torear novillos a la dehesa, lo que equivaldría a hacer novillos (Alberto Buitrago, Diccionario de frases hechas). Esta versión no nos parece acertada, porque durante el día resulta difícil esquivar la vigilancia de los mayorales y ganaderos. Esas escapadas de los maletillas suelen tener lugar en noches de luna llena y, en argot taurino, se llama “hacer la luna”.
También se puede relacionar el hacer novillos con asistir a una corrida: hacer día de novillos sería ‘hacer día de fiesta’ y hacer novillos, ‘hacer fiesta’. Ir a las afueras de la población para hacer el encierro de las reses que se van a torear en las fiestas (encierros de Cuéllar o de Pamplona), también es hacer novillos (hacer como ‘juntar’, acepción 12ª del DRAE) o ir por novillos, y a los mozos les sirve de excusa para faltar a clase el día antes de la fiesta.

Actualmente, la expresión se ha especializado con el sentido de ‘faltar a clase’, y abunda tanto en lenguaje coloquial como en ejemplos literarios (Galdós, Baroja, Clarín, Unamuno, Cela, Juan Goytisolo, etc.)
Pero no debe olvidarse que también es frecuente referida a faltar a otros compromisos, obligaciones, o costumbres: se puede hacer novillos a una cita amorosa comprometida (E. Pardo Bazán, El cisne de Vilamorta), a la costumbre de visitar a alguien (Galdós, Tristana), a la misa del domingo (Galdós, Fortunata y Jacinta); el príncipe puede hacer novillos de su oficio de gobernar (Mariano José de Larra, "La fonda, o la prisión de Rochester"), o un alcalde, a los plenos municipales (Enrique Cerdán, La Gatera, 1995).

De forma figurada, también se dice que una necesidad hace novillos, cuando no se consigue satisfacer: “¿Y aquel recobro del sueño, que había hecho novillos?” (Juan de la Encina, Cartas, 1499)

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