Arabismos en el español de la agricultura y la jardinería

El castellano conserva numerosos arabismos léxicos en el ámbito de la agricultura y la jardinería. Aunque algunos de estos arabismos tienen relación con la agricultura de secano, la mayor parte se refiere a los productos de regadío y a todo lo relacionado con el riego.
En la época romana se había desarrollado la agricultura extensiva, con la introducción del arado romano y, los árabes no aportaron demasiadas novedades, por lo que se siguieron empleando los términos latinos. Con nuevas técnicas de aprovechamiento del agua, los árabes desarrollaron la agricultura de regadío, que favoreció la introducción o desarrollo de cultivos de frutales y hortalizas que necesitaban agua.
Las novedades en los trabajos y productos agrícolas se reflejaron en novedades léxicas que el castellano fue adoptando.
Referidos a la organización del terreno agrícola tenemos los términos bancal, baldío, y acirate((‘loma que sirve de lindero’ o ‘senda que separa dos hileras de árboles’).
Relacionados con todo lo que supone aprovechar la escasa agua para regar los campos: la noria y el azud sacan el agua del subsuelo o los ríos; se almacena en alberca y aljibes; se distribuye por arcaduces y acequias y se reparte entre los agricultores en alemas (en Navarra, ‘porción de agua repartida por turno’) o adores (en Aragón, ‘tiempo señalado para el riego’), aunque mediante acirates (‘caballones, lomos de tierra para contener o dirigir el agua de riego’) pueden jaricar (en Murcia, ‘reunir en un mismo cauce las hilas de agua de varios propietarios, para regar cada uno de ellos con el total de agua durante el tiempo proporcionado a la cantidad de ella que ha aportado al caudal común’).
Los agricultores acollan el pie de las vides y cavan alcorques al pie de los árboles, algunos de ellos con nombre árabe: naranjo, alcornoque, algarrobo, acebuche (‘olivo silvestre’), alerce (‘árbol similar al cedro’).
Frutos de árbol son las aceitunas, que producen aceite, los albaricoques, los limones, las azufaifas, las algarrobas, las bellotas, las limas y las naranjas, cuya flor es el perfumado azahar.
En los campos y huertas regadas se cultivaban hortalizas y frutas: alcachofas, berenjenas, espinacas, acelgas, zanahorias, alcaraveas o chirivíasalubias, sandías o arroz; condimentos: azafrán, y ajonjolí; plantas forrajeras: alfalfa y altramuces. Los árabes introdujeron en la Península el cultivo del algodón y la palabra que denominaba la planta. Otros productos que se quedaron con el nombre dado por los árabes fueron la cúrcuma y el alazor.
Los términos árabes también llegaron, más escasamente, a los terrenos de secano: se denominó alcacer al lugar sembrado de cebada y a la misma cebada cuando está verde y en tallo. A la típica flor que crece en los sembrados de cereales se la llamó ababol o amapola (palabras formadas por mixtura de elementos latinos y árabes). Incluso para algunas plantas silvestres, como la jara, la atocha y la retama, empleamos nombres arábigos.
La jardinería, una forma especial de agricultura con fines ornamentales tuvo un enorme desarrollo en la cultura árabe, gracias al aprovechamiento del agua. Llegaron nuevas plantas y flores, con su nombre árabe, y otras plantas con nombre latino adoptaran el nuevo que les daban quienes las cuidaban en los jardines. Por esta razón abundan los arabismos en el campo de la jardinería: arriate, adelfa, ajenuz (‘arañuela’), albahaca, alhelí, alhucema (‘espliego’), arrayán, azucena, jazmín, nenúfar...