Diccionarios y vocabulario personal

¿Cuántas palabras hay en castellano? ¿Cuántas palabras conocemos? Cuando repasamos un diccionario general de nuestra lengua, suele sorprendernos el gran número de palabras que desconocemos. No sólo no pertenecen a nuestro vocabulario activo (el que utilizamos en nuestra expresión), sino que ni siquiera es pasivo o de recepción (palabras que entendemos o podemos entender, aunque no las utilicemos)
El vocabulario de cada hablante es reflejo de su vida y conocimientos, por lo que no alcanza a los términos referidos a realidades que no le pertenecen por experiencia vital ni intelectual, aunque pertenezcan a la lengua general.
Otra causa que impide “saberse todo el diccionario” es que el DRAE, y numerosos diccionarios, incluyen, junto con las palabras de uso general, otras muchas que no lo son. Por amplia que sea la cultura de un hablante, no es posible que haya leído u oído todas esas palabras que, por definición, no pertenecen a su tiempo (arcaísmos), a su lugar (dialectalismos), a su actividad habitual (tecnicismos de cualquier ámbito), a su lengua (extranjerismos), a los grupos sociales con que se relaciona habitualmente (voces de germanía y argot)...

Pero hay dos causas que no se deben a las limitaciones del hablante y que justifican el desconocimiento de una palabra:

1- Que el lexicógrafo haya incluido palabras que son hápax.
¿Qué es un hápax? Otra palabra que desconocemos. No es extraño, porque se trata de un término especializado y, aunque ya la utilizó Covarrubias en 1611, para calificar la palabra “uxoraria”, ‘matrimonio’, el DRAE no la incluyó hasta 1984. Procede del adverbio griego ‘άπαξ, ‘una sola vez’ y podría traducirse como ‘unicidad’ (Laín Entralgo, 1957).
Un hápax es un tecnicismo de la Lexicografía que se refiere a una palabra o ‘voz registrada una sola vez en una lengua, en un autor o en un texto’.
Un ejemplo, aunque con un significado fácilmente deducible, podría ser “hablatista”, que según el CORDE sólo fue utilizada por Mateo Alemán en Guzmán de Alfarache (1599) y por Mateo Luján de Saavedra, autor de la falsa Segunda parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache (1602), quien indudablemente la tomó de la obra original. Hablatista se incluyó en el Dic. de Autoridades 1734 definido como ‘lo mismo que hablador. Es voz jocosa y de poco uso’. En las ediciones de 1780, 1783 y 1791 del Diccionario Académico se mantuvo la palabra, con la misma definición, aunque sin indicación de uso, pero posteriormente se suprimió acertadamente la entrada al considerarla una creación personal y no una palabra del acervo idiomático.

2- Que la palabra no exista ni haya existido nunca, fuera de los diccionarios. Se trata de palabras fantasmas que, sin haber sido utilizadas por ningún hablante, han aparecido en los diccionarios por error. Entraron en el Diccionario de la Real Academia a partir de errores de imprenta o de edición que aparecían en obras de autoridades como Cervantes, Mateo Alemán o Lope de Vega; o por errores de lectura e interpretación por parte de los lexicógrafos. Así, en numerosas ediciones han figurado los fantasmas amarrazón (amarraçón por amarra con) amenoso (por gamenoso, gamonoso), amasadijo (amasijo), amicia (amicicia, amistad) apaliar (paliar) almodonear (almonedear).

No es extraño desconocer una palabra que sólo la ha utilizado un autor, por mucha autoridad que tenga, o una palabra que “se inventan” los académicos. Son trampas que incluyen los diccionarios para hacernos dudar de nuestro conocimiento del idioma.

Artículos relacionados:
Palabras con las cinco vocales
Accesible y asequible
El esperanto, lengua internacional
Bibliografía básica

No hay comentarios: