Dos verbos: ojear

Decíamos en un artículo anterior que hay dos verbos ojear: uno, derivado de 'ojo', y que significa mirar hacia algún sitio de modo rápido o mirar superficialmente un texto para saber de qué trata; el otro está formado a partir de la interjección árabe ušš, en español ox, y significa ahuyentar la caza con voces, golpes, ruidos y acosarla para que vaya hacia donde están apostados los cazadores; también significa ahuyentar de cualquier manera a personas o animales.

Ojear, con el sentido propio de acosar y ahuyentar no suele presentar dudas cuando se está hablando de caza. Dentro de la temática militar también se ha utilizado con frecuencia:

En la Historia de Mindanao y Joló, Francisco Combés narra cómo “prosiguió el Flamenco (el ejército holandés) ojeando nuestra Armada con su artillería”.

Con el sentido de mirar, tampoco presenta dudas en contextos en los que no hay connotaciones de búsqueda, ni caza, ni consecución ni referencias a hojas de papel:

“Por las tardes, cuando la música tocaba en El Pañuelo le veíamos [al rey] en la turbamulta de paseantes ojeando a las señoritas guapas y charlando jovialmente con sus amigos”. (Galdós, Amadeo I).

Sin embargo, surgen sentidos híbridos de los dos verbos homógrafos porque se han ido contaminando mutuamente: se puede ojear (mirar) con intención de buscar, lograr, cazar; pero también, al ojear la caza (acosarla hacia los cazadores) lo que se hace es ponerla a la vista y alcance de quien ha de matarla.
Aunque el DRAE sólo da para ojeador el significado de “hombre que ojea o espanta con voces la caza”, es frecuente encontrarlo referido a quien “echa el ojo”, es decir, a quien mira algo (o a alguien) con el propósito de llegar a conseguirlo. El trabajo de los actuales ojeadores de fútbol consiste ir a muchos partidos para echar ojeadas (miradas prontas y ligeras) a los jugadores por si conviene ficharlos, lo cual no deja de ser una forma de cazarlos. En el ámbito empresarial se le llamaría “cazatalentos”.


Galdós, en su novela Fortunata y Jacinta, dice que la señora de Santa Cruz, lo mismo en los mercados que en las tiendas, contaba con un ojeador, llamado Plácido Estupiñá, que desde que se levantaba “echaba una mirada de águila sobre los cajones de la plaza, [...] y daba un vistazo a los puestos, enterándose del cariz del mercado y de las cotizaciones” para después informarla.

Sin embargo, el mismo DRAE parece reconocer ese sentido híbrido en el sustantivo derivado ojeo, cuando, además de acción y efecto de ahuyentar la caza, lo define como acción de “buscar con cuidado algo que se desea o pretende”.

El autor de La pícara Justina dice de la protagonista que no traza para de repente, sino a lo gatuno, que es estar “aguardando lance como cuando al ojeo de un ratón está un gato tan atento y de reposo, que le podrán capar sin sentir, según está atento a la caza”.


Artículos relacionados: