La interacción de la metáfora.

Los antecedentes de la teoría de la interacción de la metáfora están en el libro La filosofía de la retórica de I. Richards (1936) y en dos trabajos de Beardsley (de 1958 y 1962). Pero su formulación definitiva y desarrollo los realiza Max Black, en su libro Metáforas y modelos (1962) y en el artículo “Más sobre metáfora” (1979).

Según esta teoría de Max Black, en la metáfora tenemos un sujeto primario (o principal) y otro secundario (o subsidiario) que constituyen un sistema. Las metáforas surgen al proyectar las implicaciones asociadas del sujeto secundario sobre el primario. Dado que esas implicaciones suelen ser lugares comunes u opiniones compartidas por los hablantes sobre el sujeto secundario, las metáforas redefinen al sujeto principal en función de los rasgos que de él se seleccionan, se destacan o se suprimen.

La interacción se produce cuando el sujeto primario incita a seleccionar ciertas propiedades del secundario, que a su vez construye un ‘complejo de implicación paralelo’ en que se ajusta el primario. Paralelamente se producen cambios en la percepción del sujeto secundario.

Al decir que "la sociedad es un mar", seleccionamos algunas ideas generalmente compartidas y tópicas sobre ‘el mar’ (tempestades, puertos seguros, piratas, naufragios, pesca...) Estas ideas forman un sistema conceptual que se proyecta sobre el concepto de ‘sociedad’ y los rasgos originales de ésta (conflictos, afectos, personas amenazantes, beneficios, fracasos...) quedan redefinidos por los de aquel. Paralelamente la percepción del mar quedará condicionada por la percepción que tengamos de la sociedad.

Para el análisis cultural y textual de la lengua, la idea más destacable de Max Black es posiblemente la de que muchas metáforas pueden agruparse, con cierto nivel de abstracción, en familias o temas. De esta forma, el estudio de la metáfora pierde interés como producto artístico y lo gana como proceso que genera nuevos significados.

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