Las metáforas en la vida cotidiana

Las metáforas, por su función emotiva o embellecedora del lenguaje, eran materia de la Literatura y a los críticos literarios les correspondía su estudio. No se tenía en cuenta su función representativa de la realidad.
Esto fue así hasta los años sesenta y setenta, cuando una serie de estudiosos (Max Black, 1966, Nelson Goodman, 1968, y Donald Davidson, 1978) empezaron a estudiar las metáforas como tema de investigación filosófica.
Posteriormente, el lingüista George Lakoff y el filósofo Mark Johnson (con su libro Metaphors We Live By, 1980, publicado en castellano en 1986 con el título de Metáforas de la vida cotidiana y con el artículo de Lakoff “Teorías contemporáneas de la metáfora”, 1992) demostraron que el lenguaje es más metafórico de lo que pensamos y muchas metáforas habituales (no literarias) se generan desde nuestra experiencia y de nuestra forma de pensar. Parte de la coherencia y orden de nuestros conceptos se basa en cómo los sistemas de metáforas condicionan nuestra experiencia.
Una de las nociones más interesantes de estos trabajos es la de metáfora conceptual: "Las generalizaciones que rigen las expresiones metafóricas no están en el lenguaje, sino en el pensamiento. Son ‘mapeos’ generalizados que cruzan dominios conceptuales".
George Lakoff destaca tres características de las metáforas conceptuales:
1) Las correspondencias lingüísticas son sistemáticas.
2) El uso de metáfora para regir el razonamiento y el comportamiento que se basa en dicho razonamiento.
3) La posibilidad para entender extensiones novedosas en términos de las correspondencias convencionales.

La metáfora nos permite comprender una materia relativamente abstracta o sin estructura inherente, en términos de una materia más concreta, o por lo menos más estructurada.
A Lakoff y Johnson les interesan las expresiones del tipo "perder el tiempo", "ir por caminos diferentes", que reflejan conceptos metafóricos sistemáticos que estructuran nuestras acciones y pensamientos.

En Metáforas de la vida cotidiana Lakoff y Johnson presentan tres tipos de metáforas conceptuales:
  1. Metáforas de orientación espacial: Surgen de nuestra constitución física y son las relacionadas con arriba-abajo, dentro-fuera, profundo-superficial, etc.
    La cantidad y la escasez se relacionan con arriba y abajo: “los precios suben”, “las ventas bajan”, “la Bolsa de desploma”...Lo bueno se relaciona con arriba y lo malo con abajo: “personas de clase alta o baja”, “preferimos tener pensamientos elevados y evitamos las bajas pasiones”, “hay que levantar la moral y no caer en una depresión”.
  2. Metáforas ontológicas: A algo se le da una categoría peculiar considerándolo algo diferente.
    La mente o inteligencia humana (o la cabeza como símbolo) es un recipiente: “no nos cabe en la cabeza lo que alguien ha hecho”, “tenemos un proyecto en mente”, “las ideas nos dan vueltas”, “algunas asignaturas no nos entran”... No es extraño que, cuando estamos preocupados por algo o trabajamos mucho mentalmente, digamos que nuestra cabeza (coloquialmente “olla o perola”) echa humo.
    La sociedad es un cuerpo: cada persona forma parte de un órgano que tiene una función determinada.
  3. Metáforas estructurales: Una actividad o experiencia se estructura en función de otra.
    El amor es un viaje: “la relación está en una encrucijada” o “va sobre ruedas”, “hay que ir despacio y tomarse la relación con tranquilidad”, “no se debe ir muy deprisa”, “el amante es un compañero de viaje”, “el matrimonio naufraga”...
    El deporte es una guerra: “los equipos se enfrentan y tienen un capitán”, “se prepara la estrategia”, “se ataca y se defiende”, “se tira o dispara a portería”...
En el caso del deporte y la guerra se puede apreciar claramente la interacción de las metáforas. En el proceso, los dos conceptos generan nuevos significados:
La guerra puede verse dulcificada por influencia del deporte y ser vista como un juego en el que se gana o pierde, pero sin las consecuencias dramáticas que conlleva. Siempre puede quedar el partido de vuelta.
El deporte también puede ser contaminado por lo guerrero y dar lugar a enfrentamientos violentos cuando los partidarios o jugadores de uno y otro equipo deciden que el partido equivale al enfrentamiento bélico de dos comunidades (ciudades, regiones o países).
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