Sexismo en el lenguaje. ¿Responsabilidad lingüística o social?

La sociedad y sus cambios se reflejan en la forma de hablar, porque la lengua siempre evoluciona de acuerdo con la sociedad que la utiliza.
El que las mujeres estén adquiriendo mayor relevancia social está llevando a cambios normativos en nuestro idioma (la Real Academia Española admite nuevas formas en femenino para profesiones que antes sólo desempeñaban hombres). Esto no quiere decir que el idioma español (o cualquier otro) fuese machista o no, sino que respondía a la realidad y a la concepción social que tenían los hablantes. Si la sociedad evoluciona, el idioma lo hará de acuerdo con ella. Creemos que no hay idiomas sexistas, sino personas sexistas que emplean un lenguaje sexista, si entendemos por lenguaje ‘manera de expresarse’ o ‘estilo y modo de hablar y escribir de cada persona’.
Para combatir el lenguaje sexista, lo principal es modificar las concepciones machistas de quienes usan el idioma, no atacar las definiciones del Diccionario académico o las normas gramaticales, que suelen responder al uso que hacen de ellas los hablantes. Como afirmó Coseriu, el lenguaje es una actividad y no un producto. Si olvidamos la responsabilidad de los hablantes, y cosificamos el idioma, nos encontraremos con dificultades para promover un uso menos sexista de nuestra lengua.

Suele hablarse de lenguaje sexista cuando se usa el masculino de una palabra para referirse a personas de los dos sexos y se propone, para evitarlo, mencionar conjuntamente las formas masculina y femenina; algo que va en contra del principio de economía lingüística. Si se usa el género masculino para referirse a grupos de personas formados por mujeres y hombres, es porque en castellano (y las lenguas romances) el masculino es la forma no marcada: es una razón gramatical, no de sexismo. No debe confundirse el género gramatical de una palabra con el sexo de las personas a las que se refiere.
“En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos [...] En la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva.” (Diccionario panhispánico de dudas – RAE, 2005)
Debe conseguirse que las ocupaciones, profesiones y cargos públicos puedan ser desempeñados en igualdad de condiciones por mujeres y hombres, y con una representatividad similar. De esta forma el uso del género masculino perdería cualquier posible connotación sexista y solo será una cuestión gramatical, porque los oyentes tedrán en cuenta el puesto o cargo al que se refiere y no el sexo de la persona que lo ocupa.

Si oímos hablar de “funcionarios” no pensamos en ‘hombres’ y si oímos “internautas” o “fisioterapeutas”, no pensamos en ‘mujeres’, a pesar de sus terminaciones en –os o en –as. Se debe a que son actividades desempeñadas habitualmente tanto por hombres como por mujeres. De igual forma, no hay nadie que cuando oye “los ciudadanos van a votar en la próximas elecciones” imagine que sólo lo harán los ‘varones’, ni que ese masculino pueda incluir a los ‘niños varones’.
En cambio, si leemos en el titular de un periódico: “Reunión de jefes de Estado y presidentes de Gobierno”, sí podemos pensar en una ‘reunión de hombres’ y nos llama la atención encontrarnos en la fotografía que ilustra la noticia a las reinas de Inglaterra o de Holanda o a la canciller alemana Angela Merkel. De igual forma, cuando después de hacer la compra en el supermercado vamos a que “nos cobre la cajera”, nos extraña encontrarnos a menudo con un hombre en ese puesto de trabajo.
Eso es el sexismo o machismo: el que en la sociedad los puestos con prestigio y relevancia social o política estén ocupados mayoritariamente por hombres y muchos de los que tienen poca relevancia social y estén mal pagados los ocupen mujeres. La lengua no hace más que tratar de reflejar esa realidad con economía expresiva.

No obstante, cuando existe sexismo social, pero hay una incipiente tendencia hacia igualación entre sexos, el lenguaje puede colaborar en hacer evidente dicho cambio y que los hablantes lo asuman como algo normal. Por ello, creemos que, en algunos casos, son aceptables, incluso convenientes, expresiones como “los presidentes y presidentas de Gobierno”; y nos parece absurda la utilización sistemática de otras como “los ciudadanos y ciudadanas”, “los vascos y las vascas”...

1 comentario:

Stephanie dijo...

Estoy de acuerdo con parte de la opinion del autor. Creo que el machismo es la culpa de personas, no de un idioma. Sin embargo, creo que la carencia de palabras para describir mujeres con unos trabajos enfatiza creencías sexistas. La falta de una palabra para describir mujeres dedicados a la política puede ayudar a la suposición que no existan. No me siento ofendido, pero si necesitaría describarme en español y no fuera una palabra para hacerlo, me irritaría mucho. No sé que podrían hacer para evitar el sexismo en el idioma, sin duda los problemas sociales y el machismo patente que mujeres encuentran en trabajo y otro aspectos de la vida son más importante, pero puedo entender las que están frustrado con su inabilidad de describir ellas mismas con su idioma.