Lenguaje sexista y economía en el lenguaje

Hay usos lingüísticos sexistas que no responden al principio de economía lingüística, incluso pueden contravenirlo.
La propuesta más llamativa (también la más utilizada y criticada) para combatir el lenguaje sexista es la de la duplicación de una misma palabra, en masculino y femenino. Creemos que esto, en algunos casos, puede ser conveniente, pero en otros resulta absurdo. Sin embargo, evitar el uso sexista del lenguaje no siempre consiste en añadir palabras redundantes o superfluas; a veces se evita, simplificando la expresión o variando el estilo.

Algunas expresiones sexistas que veremos son utilizadas incluso por personas que pretenden valorar el papel social de la mujer. Evitarlas respondería a la demanda social de igualdad y al principio de economía en el lenguaje. Como veremos, el problema no está en un presunto sexismo de la lengua o idioma, sino en el uso por parte de quien la utiliza, que refleja su visión de la sociedad. Veamos algunas de estas formas sexistas:

1. El orden de la enumeración:
Es habitual que los hombres aparezcan antes que las mujeres en las enumeraciones.
Cuando se trata de nombres comunes (“hombres y mujeres”, “hijos e hijas”) es mayoritario el uso del masculino antepuesto. Si se busca en internet la secuencia literal "el ministro y la ministra" encontramos 74.800 resultados, mientras que de la secuencia “la ministra y el ministro”, sólo 27.600. En los casos en que aparecen dos personas de distinto sexo y distinta importancia política siempre es mayoritaria la anteposición del varón: “el alcalde y la ministra”, 142.000 resultados, mientras que “la ministra y el alcalde”, sólo 20.700; "el ministro y la alcaldesa", 17.400 frente a los 10.300 de "la alcaldesa y el ministro".
Es alentador ver que se igualan los resultados cuando los citados tienen gran importancia política y aparecen nombrados por sus apellidos: “Sarkozy y Merkel”, 239.000 resultados por “Merkel y Sarkozy”, 238.000.

Se puede evitar el sexismo en las enumeraciones anteponiendo unas veces el término masculino y otras el femenino, o nombrando antes a la persona de mayor edad o importancia política o social... En este caso se correría el riesgo de caer en un uso clasista del lenguaje, aunque ahora no está de moda criticarlo, a pesar de su importancia.

2. Utilización abusiva del término mujer:
A veces el empleo de la palabra mujer resulta innecesario y pleonástico: “Una de cada ocho mujeres gallegas desarrollará un cáncer de mama” (1).

En otras ocasiones, su utilización redundante sólo sirve para menoscabar la identificación social, profesional o de origen y destacar su condición sexual: “las mujeres musulmanas”, “las mujeres ingenieras”, “las mujeres españolas”... Debe señalarse que este tipo de expresión es utilizada equivocadamente por muchas personas feministas, con la intención de destacar la importancia de las mujeres, como en los titulares: “La Asociación Igual-mente, Mujeres por la Igualdad, dedicó un homenaje a Clara Campoamor, en la Plaza que lleva el nombre de esta mujer abogada” (2) y “Pilar Careaga y Basabe la primera mujer ingeniera de España” (3) . Debería decirse: esta mujer, la primera ingeniera.

En muchas ocasiones, hombres y mujeres comparten una misma característica relevante, condición social o nacionalidad, pero son nombrados de forma asimétrica: los hombres, por su condición, mientras que las mujeres, solo por su condición de mujer, segregadas del grupo: “Llegaron 26 inmigrantes y 3 mujeres a bordo de una patera”, “Los hombres españoles dedican una media diaria de una hora y 37 minutos a labores en casa, incluido el cuidado de los niños, frente a las cuatro horas y 55 minutos de las mujeres”. (4)

¡Qué se puede decir de las expresiones en las que las mujeres no son incluidas en el concepto de ‘persona’!: “Otras cuatro personas y una mujer resultaron heridas en hechos ocurridos en el municipio de Escuinapa.” (5)

3. Uso del artículo la delante del apellido:
Si no se emplea el artículo ante los apellidos de los hombres, no hay necesidad de hacerlo ante el de las mujeres. Suele aparecer este artículo ante los apellidos de mujeres dedicadas a trabajos artísticos (cantantes, escritoras, bailarinas, etc) y a la política: “la Venegas”, “la Piquer”, “la Caballé”, “la Bachelet”...
Aunque el Diccionario Panhispánico de Dudas dice que “es habitual que los apellidos de mujeres célebres vayan precedidos de artículo”, lo cierto es que, a menudo, existe un cierto matiz condescendiente, incluso despectivo bajo una falsa familiaridad: “La suerte se llama Grecia porque al día siguiente del desplome griego Obama, Sarkozy y la Merkel llamaron a Zapatero...” (6)

4. Uso de los nombres propios:
Todas las personas somos nombradas de diferente forma, según el contexto en el que nos encontremos, pero esa forma puede depender, además del grado de confianza con el interlocutor, de connotaciones sexistas. Al analizar cómo los medios de comunicación nombran a las personas, se aprecian diferencias según se trate de mujeres o de hombres.
Los hombres suelen ser nombrados por su nombre y apellido o por su apellido. Es raro que sean identificados únicamente por el nombre de pila.
Con las mujeres, aunque tengan importancia política y social, se emplea a menudo el nombre de pila e incluso el hipocorístico. Asimismo el uso del nombre unido al apellido es mucho más frecuente en el caso de referirse a un hombre que a una mujer. Estas formas de nombrarla hacen a la mujer más cercana y familiar al público, pero devalúan su importancia profesional o social.

En las últimas semanas, en España se ha producido un claro ejemplo de este trato desigual. Se trata de las noticias y artículos publicados sobre las elecciones primarias entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez por ser candidatos del PSOE en unas elecciones próximas.
En la web de rtve.es (7) encontramos el titular “Gómez y 'Trini' apelan a un proyecto progresista de izquierdas en su cierre de campaña” y dos subtítulos: “Tomás Gómez: ‘La mayoría social tiene que ocupar el poder político'” y “Trini pide a militantes su apoyo para no perder el tren de ilusión y votos”. Sólo en el cuerpo de la noticia empieza el tratamiento simétrico de los dos candidatos, aunque se nombre primero al hombre: “Tomás Gómez y Trinidad Jiménez han cerrado este sábado sus actos de campaña...”

Buena parte de este trato desigual ha venido propiciado, aunque presuma de feminista, por la protagonista misma de las noticias, cuya página web era trini2011.es (8) y que eligió el eslogan “Trini puede” (9).
Esa pudo ser una de las causas de que perdiera las elecciones: no parece serio presentarse para un cargo político importante como se presenta en casa de sus padres el día de Navidad, sobre todo cuando ya es ministra y tiene 48 años. Con su oponente, los medios no utilizaron apenas “Tomás”, y nunca “Tomasín”, sino “Tomás Gómez” o “Gómez”.
No es extraño que esto fuera aprovechado por un oponente a Trinidad Jiménez para lanzar la pulla de que “ganaron el señor Gómez y los que lo apoyaban, y no ganaron la señorita Trini y los que la apoyaban” (10) Esta frase fue criticada, como sexista, por los sectores más oficiales del feminismo; pero no se quiso ver que existía una crítica política a la diferente forma de presentarse los candidatos a sí mismos y a su distinta extracción social. Gómez, procedente de la clase trabajadora, se había presentado por su apellido, como un “señor”, y había expuesto su trabajo en el partido. Jiménez, procedente de clase acomodada y origen andaluz, se había presentado como “[la] Trini”, igual que una joven “señorita” lo hace ante su familia y sus amigos, y presumiendo de una mayor popularidad, como hacen muchos señoritos andaluces en las ferias.

Este diferente trato de hombres y mujeres a través de la forma de nombrarlos, es evidente cuando en una misma oración (redactada por una mujer) aparecen dos mujeres y dos hombres: “Zapatero cree que Trini tiene más posibilidades que Gómez de arrebatarle a Esperanza la presidencia de la Comunidad”. (11). Aunque para las cuatro personas se utiliza una forma diferente de nombrarlos (segundo apellido, hipocorístico, primer apellido y nombre, respectivamente), está claro que quienes tienen apellido son los dos hombres.

Evitar estas cuatro formas de sexismo en el lenguaje no complica la forma de escribir o hablar: puede ayudar a mejorar el estilo y sobre todo reflejar mejor la importancia de las mujeres en la sociedad.

Referencia: Mercedes Bengoechea “Sexismo (y economía lingüística) en el lenguaje de las noticias: inercia e incorporaciones igualitarias”.

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3 comentarios:

Topillo dijo...

¡¡¡Magnífica entrada!!! ¡Me encanta su blog!

Canario dijo...

Directo, claro y aséptico, ¡me gusta el artículo!

Tres Puntos dijo...

Si me permites el matiz, entiendo que la primera mujer ingeniera es la primera mujer en esa profesión, pero la primera ingeniera sería la primera persona en esa profesión, que resulta ser mujer. Decir que, en una frase como esa, con el primer sentido no es necesaria la palabra mujer, puede suponer crear confusión con la segunda posibilidad (o peor, negarla, como si se descartase la posibilidad de que una mujer pudiese ser primera en algo). Por lo demás, estoy de acuerdo y me ha parecido un artículo muy interesante.