Azul y rosa: para niños y niñas

¿Por qué los niños visten de azul y las niñas, de rosa?

En primer lugar, podríamos decir que sirve para comunicar a la sociedad el sexo de nuestros hijos cuando tienen una edad en las que las diferencias sexuales no son evidentes: Hasta la pubertad, las formas del cuerpo y la distribución del pelo corporal y facial no manifiestan el sexo de las personas. En los primeros meses de vida, ni siquiera el cabello, generalmente escaso, permite marcar la diferencia sexual mediante diferentes longitudes y estilos de corte: cualquiera que haya tenido hijos, y no se haya sometido a la costumbre del rosa o azul, se habrá encontrado con la situación de: "– ¡Qué niño más guapo tienes!" "–Es niña".
Esto explicaría que se vista a los bebés enteramente de rosa o azul y, a medida que puede evidenciarse su sexo a través del cabello y de los gestos aprendidos (“los niños son más brutos y las niñas más cursis”), vayan combinándose nuevos colores durante la infancia. El color realmente marcado de la oposición (el rosa) se conserva más tiempo en los complementos y las prendas de las niñas. Por esta razón suele excluirse de todo lo masculino: para los niños se puede prescindir muy pronto del azul como color característico e ir incorporando el resto de colores, excepto el rosa. Sólo en los últimos años, los varones adultos han podido utilizarlo en sus camisas y corbatas sin menoscabo de su masculinidad.

Sin embargo, la diferenciación sexual no parece demasiado importante a una edad en el que varones y mujeres reciben un parecido trato social.

A veces se ha dicho que estos colores responden a motivos religiosos: como había una alta mortalidad infantil, se trataba de proteger a los bebés vistiéndolos con los colores de la Virgen. Sin embargo, no parece una teoría aceptable, porque donde más éxito tuvo esta moda fue en los países protestantes (Inglaterra, Alemania, Holanda, Escandinavia, Estados Unidos...), donde no se venera a María. Además, los colores característicos de la Virgen María son el blanco para el vestido y el azul para el manto, que simbolizan la pureza y virginidad; nunca lo han sido el rosa o el rojo.

Las verdaderas necesidades que sintieron quienes empezaron a utilizar el azul y el rosa para la ropa infantil fueron convertir estos colores en símbolo de su nivel económico y diferenciar a sus hijos de los niños pobres, sucios y vestidos de gris, marrón o negro. Es un recurso acorde con la mentalidad burguesa protestante: sencillo, pero efectivo; alejado de la ostentación nobiliaria. Con sus colores claros, los niños ricos se alejaban real y simbólicamente de la suciedad y el barro de la calle; y el mancharse no era un problema grave cuando la economía familiar permite pagar a una lavandera o sustituir la prenda por otra nueva.
Prueba de que la principal razón no es de diferenciación sexual, sino social y de prestigio, es que, a medida que las clases modestas fueron mejorando su nivel económico durante el siglo XX, tuvieron más facilidad de limpiar la ropa (con las lavadoras mecánicas) y asumieron la moda del azul y rosa infantil; las clases acomodadas han ido abandonando esta diferenciación cromática de los bebés, como algo pasado de moda, incluso de mal gusto o adefesio. En su lugar, los niños y niñas de las clases altas han empezado vestirse con colores vivos u oscuros (rojo, amarillo, azul vivo o azul marino, verde oscuro), con combinaciones de estos colores en rayas y cuadros, con prendas muy específicas para cada ocasión (de vestir, de sport, uniforme de colegio) y ajustadas al cuerpo, que obligan (por el rápido crecimiento del niño) a una continua renovación. Todo ello permite exhibir la capacidad económica de la familia.

¿Pero por qué se eligieron el rosa y el azul celeste?
No parece que haya razones sexistas: ambos colores se oponen en un mismo plano y ninguno de ellos parece más prestigioso que otro.
Si el celeste es mezcla de azul y blanco y el rosa, mezcla de rojo y blanco, la dicotomía retomaba la antigua idea (surgida en Europa a finales de la Edad Media y desarrollada en los siglos posteriores a través de diversas valoraciones simbólicas) de considerar que el azul es masculino y el rojo es femenino. Pero el blanco convertía a ambos en colores pastel que transmitían las ideas de higiene, elegancia, pureza e inocencia.
Sin embargo, el azul sólo puede considerarse masculino cuando se opone al rojo, que sí es verdaderamente femenino (caperucita roja, el carmín de lo labios, el anillo de rubíes de la prometida...) Esto explica que sea habitual vestir a una niña de azul, pero muy extraño vestir a un niño de color rosa.

La dicotomía ha pasado de la ropa a otros objetos infantiles y, por ejemplo, es habitual que en los juguetes femeninos predomine el rosa y en los masculinos, el azul.

Artículos relacionados:

El pelo y la identidad sexual.
Sexismo en el lenguaje. ¿Responsabilidad lingüística o social?
Símbolos del estatus social
Características de la comunicación no verbal.

3 comentarios:

lady jekyll dijo...

Enhorabuena por el artículo. Muy interesante.
Saludos, LJ

Anónimo dijo...

una vez escuché que se vestía a los niños con azul porque, al ser tan alborotadores,'chicho terremoto', el azul los calmaba y, por el contrario, a las niñas les ponían rositas para que fueran un poco más culos-inquietos y se movieran más. Buen artículo

natalia_paperblog dijo...

Buenos días,

Quisiera disculparme, pero no he encontrado otra manera de contactarte que a través de los comentarios.

Me pongo en contacto contigo para invitarte a conocer Paperblog, http://es.paperblog.com, un sevicio de difusión cuya misión consiste en identificar y dar a conocer los mejores artículos de los blogs inscritos. El tuyo se adapta a nuestros criterios de calidad y creo que tus artículos resultarían muy interesantes a los lectores de la temática Sociedad.

Espero que encuentres el concepto interesante y te motive. Mientras, no dudes en escribirme para conocer más detalles.

Atentamente,

Natalia