Lusismos en el español

Los lusismos son las palabras procedentes del portugués que han entrado en otra lengua. También se denominan lusitanismos, un término más tradicional, pero menos frecuente en la actualidad. En este artículo sólo citaremos ejemplos de lusismos que son de uso común en la lengua castellana, pero no nos detendremos en aquellos cuyo uso se restringe a zonas limítrofes con Portugal o Brasil o a las Islas Canarias (escala en las rutas de las navegaciones portuguesas y con fuerte inmigración de este origen durante los siglos XV y XVI).

Durante la Edad Media, el gallego-portugués tuvo gran importancia como lengua de la lírica amorosa, lo que favoreció que el castellano tomara palabras portuguesas, muchas de ellas, hoy en desuso: coita ganó la batalla a la forma castellana cueita (usada hasta 1300, por Alfonso X, Berceo y el autor del Libro de Alexandre) pero desapareció a partir de 1500 (posteriormente puede encontrarse en Lope de Vega, 1600, como arcaísmo); ledo ‘alegre’, triunfó en el lenguaje poético, a partir del siglo XIV, sobre la forma castellana liedo; afeitar ‘maquillarse’ cayó en desuso pero tomó un nuevo significado y afeite ‘cosmético’ ya es arcaísmo. Sin embargo, permanecen regañar, moho, pulla o zorro (del portugués zorro ‘holgazán’, derivado de zorrar ‘arrastrar’). También es posible que las palabras derivadas de enfado (enfadarse, desenfado, enfadoso) procedan del portugués medieval.

Desde el siglo XV (con los intentos de unión dinática entre Castilla y Portugal) y hasta el final de la unión lograda por los Austrias (1580-1640), lo portugués fue de buen tono y estuvo de moda en la corte. De esta época son las palabras mermelada (“os pedí una mermelada portuguesa”, Fray Antonio de Guevara 1521–1543), caramelo (“¿Poeta de caramelo?¡Qué dulce debe de ser!”, Tirso de Molina, 1612), despejar (“quien oy me ha visto teñida en sangre despejar vn muro De Turca gente...” Lope de Vega, 1609), sarao, (“Esta noche hubo gran banquete y sarao en el Palacio del Emperador”, Alonso de Santa Cruz, 1550), menina (“Gómez Freyle, menino de la princesa, danzó con otra menina, hija de Lope Hurtado”, Recibimiento que se hizo en Salamanca a la princesa doña Mª de Portugal, Anónimo de 1543).
En esta misma época la palabra castellana soledad tomó el significado de ‘melancolía, añoranza’ por influjo del portugués saudade. En este periodo la expresión portuguesa “achar menos” se transformó en echar menos (que evolucionó a echar de menos) y sustituyó a la castellana original “fallar / hallar menos”, empleada desde el Cantar de Mio Cid hasta Cervantes.

El imperio marítimo de Portugal fue anterior al español, por lo que el castellano tomó muchos términos portugueses relacionados con la navegación, la geografía y nuevos conceptos relacinados con ella: buzo, vigía, carabela, estela, chubasco, monzón (temporada, particularmente la propicia para navegar por haber vientos favorables), pleamar, cantil y acantilado, volcán, criollo. Algunos, como angra, están en desuso o se limitan a ciertas regiones del castellano: garúa (de caruja ‘niebla’) ‘llovizna’ en Canarias y América, laja ‘bajo de piedra’ en Andalucía y América, callao ‘guijarro’ en Canarias.
Por la misma razón, muchos nombres de peces y animales marinos proceden del gallego-portugués: almeja , mejillón, ostra, perca, cachalote, o el colectivo cardumen. El uso de las palabras de este origen se ha visto reforzado por el hecho de que algunos de estos animales son característicos de Galicia, desde donde se suministran al resto de España.

En sus empresas marítimas, los portugueses conocieron conceptos y productos exóticos procedentes de sus colonias en el Lejano Oriente o África y su lengua fue intermediaria entre el vocablo orignial y el que entró en castellano: del japonés, biombo, bonzo; del chino, charol, cha ‘té’ o mandarín; del árabe, tifón; del malayo, lancha. Otras palabras exóticas llegadas desde entonces a través del portugués son cafre ‘habitante de Cafrería, en Sudáfrica’, bambú, catre, carambola, pagoda, bengala (región del Indostán), malabar (región de la India), cachimba (procedente del bantú), cacatúa (voz onomatopéyica procedente del malayo), ananás.

A partir del siglo XVIII, se redujo la entrada de lusismos en el castellano peninsular, como consecuencia de la llegada al trono español de la dinastía francesa de los Borbones y la pérdida de importancia política y económica de Portugal. No obstante, siguieron llegando algunas palabras portuguesas: paria, barullo, chirigota, vitola (término procedente del ámbito militar). Parece ser que se debe a los autores modernistas hispanoamericanos la extensión del adverbio otrora (procedente del portugués outrora, pero tomado del hablado en Brasil).

Por las estrechas relaciones históricas entre Portugal y Castilla desde la Edad Media hasta los Siglos de Oro (periodo durante el que ambas lenguas nacen y llegan a su madurez), los lusitanismos del español y los hispanismos del portugués pueden considerarse, más que préstamos léxicos, un “explicable intercambio familiar” (Gregorio Salvador).
Las numerosas coincidencias e interferencias entre el portugués, el gallego y el leonés hace que, en muchos casos, sea difícil precisar si se trata de una palabra procedente del portugués o de un occidentalismo.

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