Vasquismos en castellano

En castellano existen palabras procedentes del vasco: son los vasquismos. En este artículo veremos tanto las palabras asentadas en el idioma y de uso general entre los hablantes como las palabras vascas introducidas por motivos políticos (incluso aceptadas en el DRAE), pero que los hablantes castellanos no las reconocen como propias.

Al haberse originado el castellano en territorios de influencia vasca (Cantabria, Norte de Burgos, Sur de Álava y La Rioja) se afirma en ocasiones que gran parte del léxico castellano inicial que no procedía del latín lo hacía del vasco, lo cual no parece cierto, aunque la influencia del sustrato vasco en la formación del castellano es evidente.
El asunto no es tan simple: muchas palabras patrimoniales no latinas, proceden del sustrato prerromano, aunque en ocasiones se relacionen con formas parecidas o comunes a las vascas: legaña (similar a lakaina 'hebra, aspereza’), socarrar (quizá relacionado con sugar 'llama' o sukar 'fiebre'), zurdo (posible origen común con zuhur, zur 'avaro' y zurrun 'inflexible, rígido'), alud (relacionado con lurte ‘corrimiento de tierra’).

También es frecuente considerar ejemplos de vasquismos palabras caracterizadas por la presencia de los sonidos /rr/ , /ĉ/ o /k/, cuando pueden tener otro origen o ser de creación onomatopéyica: cacharro (derivado de cacho, procedente del lat. caccŭlus), brusco (prerromano, pero de origen indoeuropeo), kiosko (tomado del francés kiosque que a su vez lo había tomado del turco), morro, cerro, urraca (nombre de pájaro identificado peyorativamente con una mujer, por lo que toma un nombre propio femenino similar a la onomatopeya urrac de su canto), ascua (no parece proceder del vasco ausko, de hauts 'ceniza' 'polvo').

Por otra parte, a menudo la palabra vasca tomada por el castellano es de origen latino, unas veces tomada directamente del latín (porque existió una romanización de los vascones más intensa de lo que a veces se reconoce) y otras del francés o el propio castellano: boina y chistera tienen su origen en las palabras latinas abonnis y cistella; chapela y chabola proceden del francés chapel y jaole (ant.) ‘jaula’; pelotari es una forma vasca derivada de la castellana pelota. Otras veces, la palabra no es vasca, pero tiene apariencia de serlo porque en su evolución se ha cruzado el elemento vasco: zarpa debe su z- a la influencia del vasco atzapar 'garra' y el sinonimo castellano zarria (procedente del vasco txar, que también originó charro ‘defectuoso, débil’), ya que etimológicamente viene de farpa, derivado del antiguo farpar ‘arpar’, ‘arañar o rasgar con las uñas’.

Antes del siglo XVI los documentos escritos en vascuence suelen limitarse a textos notariales y, posteriormente, los predicadores religiosos y versolaris siguieron teniendo dificultades para hacerse entender por quienes no pertenecían a su variante dialectal. Hay que tener en cuenta que se trata de un idioma muy fragmentado con, al menos, seis dialectos (occidental o vizcaíno, oriental o guipuzcoano, navarro, navarro-labortano, suletino y roncalés). El vasco no ha sido una lengua de cultura, por lo que su influencia en el léxico castellano ha sido muy limitada.

Los préstamos pertenecientes al vocabulario general no son muy numerosas: izquierda (de ezkerra), chatarra (txatarra, ‘lo viejo’), mochila (de motxil, diminutivo de motil ‘muchacho’), ganzúa,  pizarra (probablemente del vasco lapitz-arri ‘piedra de pizarra’, formado con el latino lapideus 'pétreo', y en el paso al castellano se perdió la sílaba inicial la- por considerarla el artículo), chirimbolo (txirrindola, rodaja, bola), aúpa (interjección para animar o pedir levantar algo, derivada de hupatu, ‘levantar’).
Entre los préstamos vascos más antiguos y arraigados en el castellano abundan los que nombran el mundo rural y marino: cencerro, gamarrachaparro, zurrón, laya (herramienta de labranza), zamarra y chamarra  (cruce de dos palabras vascas: txamarra y zamar 'vellón de ganado lanar'), narria (‘cajón o escalera de carro para arrastrar grandes pesos’ o ‘mujer gorda y pesada’), angula (vasquismo de origen latino angilla), arangorri: (comp. de arrain y gorri, ‘pez rojo que vive en el Cantábrico’), bacalao (palabra que el vasco tomó del neerlandés), cococha, chirla, nécora, changurro (el animal y su guiso), gabarra (embarcación).

Otros préstamos son autorreferentes de lo vasco en campos semánticos como el juego (mus, órdago, amarraco), la comida y bebida (pacharán, chacolí, chistorra), la cultura y supersticiones características vascas (chistu ‘un tipo de flauta’, aurresku ‘danza tradicional vasca’, versolari ‘improvisador popular de versos’, aquelarre , práctica supersticiosa realizada en el akelarre ‘el prado del macho cabrío’, jorguín 'brujo, hechicero’) o la meteorología (chirimiri  ‘llovizna’).
Algunos vasquismos ya están en desuso como azcona ‘dardo’, zatico ‘pedazo de pan, mendrugo’ o agur (interjección de despedida que procede el latín augurium).

La revitalización de la lengua vasca a partir del último cuarto del siglo XX ha estado muy ligada a las reivindicaciones políticas del nacionalismo, por lo que no extraña que la mayor parte de las palabras vascas que han aparecido en los últimos años en los textos en castellano pertenezcan al campo semántico de la política, sin olvidar que la necesidad de informar sobre el terrorismo de ETA también ha favorecido la adopción de palabras relacionadas con este mundo.

Esta entrada de vasquismos políticos son siempre autorreferentes de lo vasco y se debe a un excesivo respeto de los hablantes castellanos (especialmente de los políticos y periodistas) por los términos originales: se diría que emplear los correspondientes términos castellanos nos convierte en menos democráticos y respetuosos con las instituciones del País Vasco. Llama la atención que la Real Academia Española no sólo haya acogido gran parte de estos términos, sino que lo haya hecho con la grafía original (preferencia de la k sobre la c, mantenimiento del grupo tz): ertzaina ‘policía’, Ertzaintza ‘Policía (institución)’, euskaldún ‘quien conoce y usa la lengua vasca’,  Euskera o eusquera ‘lengua vasca’, gudarisoldado’,  ikastola (neologismo creado por Sabino Arana para denominar la escuela donde se enseña en euskera), ikurriña  ‘bandera del País Vasco’,  lendakari ‘presidente’, zulo ‘agujero, escondite’, etarra (adjetivo formado por analogía con gentilicios como donostiarra o vizcaitarra...
Cuando se habla o escribe en castellano sobre la política vasca, deberían emplearse las correspondientes palabras castellanas, si existen, como hacemos con la mayoría de la instituciones que tienen una denominación original en otra lengua: si el Prime Minister es el “Primer Ministro” y el Président de la République es el “Presidente de la República”, no hay motivo para que el lehendakari no sea “el Presidente [vasco]”.

La revitalización de la lengua vasca no parece dar lugar a préstamos ajenos a la política y la administración, salvo el caso de zulo, que en España ya se usa con sentido más general y amplio: ‘agujero’, ‘vivienda pequeña y oscura’.

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1 comentario:

Toño dijo...

Lo de utilizar el nombre de una institución en el lenguaje original, aunque exista traducción, es algo bastante común, y no censurable. Se habla del Taoiseach, de la Duma, de la Kneset, ¿por qué no del lehendakari?
A veces un purismo excesivo es empobrecedor.