Sobre nuestro artículo "Catalanismos en castellano"

Nuestro artículo “Catalanismos en castellano”, de hace unas semanas, tuvo una gran difusión que nos sorprendió gracias a que una de nuestras seguidoras lo enlazó en Menéame.net. Pero aún nos sorprendió más la polémica de tintes políticos que se desató entre los “meneantes”. (De los comentarios insultantes y de muchas tonterías que se dijeron, no hablaremos por higiene intelectual).

Nuestra intención sólo era la de ofrecer una muestra (por supuesto, incompleta: reconocemos la grave omisión de capicúa) de las palabras que el castellano ha tomado del catalán, o de otros idiomas a través del catalán, y constatar la influencia de esta lengua sobre la nuestra. La existencia de esas palabras no modifica la importancia (siempre subjetiva) ni del catalán ni del castellano, solo evidencia (como los castellanismos del catalán) la relación de ambos idiomas durante siglos.
Una lengua no es más o menos importante por haber prestado o tomado palabras de otras lenguas. Las lenguas reflejan la historia de los pueblos que las han hablado y las relaciones que han tenido con otros pueblos.

Sobre esto, tomamos prestadas las palabras de Alberto Bustos, en el artículo "Catalanismos en castellano"" de su Blog de Lengua Española: “El catalán y el castellano son lenguas hermanas: las dos han salido de la misma madre, el latín, y se han criado en la misma casa, la Península Ibérica. Han crecido juntas, y como buenas hermanas que son se han prestado muchas cosas a lo largo de los años".
Como la ignorancia siempre es atrevida, un buen número de personas se atrevieron a poner en duda la ‘catalanidad’ de algunos préstamos que proponíamos con argumentos que no sólo demostraban su desconocimiento, sino también que no habían leído nuestras advertencias sobre a existencia de préstamos indirectos y las dudas existentes sobre el verdadero origen de algunos de ellos:
“…tenemos en cuenta, al menos, dos dificultades. Una, el que, además de los préstamos directos, haya otros préstamos procedentes de terceras lenguas (francés, italiano, griego...) que entraron en el castellano a través del catalán; y dos, el hecho de que este idioma tuviera una evolución fonética con rasgos similares a los del occitano (o provenzal) y el francés hace surgir, a menudo, dudas sobre si un préstamo procede de una u otra lengua”.
No podemos negar que en nuestro repertorio había términos dudosos en cuanto a su procedencia, pero los incluimos porque los argumentos favorables a una procedencia inmediata del catalán nos convencían más que los contrarios a dicha procedencia.
El origen latino de una palabra no implica que sea patrimonial de todos los idiomas romances: hay que atender a su forma y a su significado. Se considera que se ha recibido como préstamo cuando la forma de una palabra delata que su evolución fonética se ha producido de acuerdo con las normas de otra lengua, de la que ha sido tomada; o cuando presenta un significado que adquirió previamente en una lengua, de la cual fue tomado, porque no existía en latín.
Por ejemplo, el topónimo Cataluña es un catalanismo: de Cattalŏnia, en castellano deberíamos decir Catalueña (como en el siglo XIII), porque es propio de nuestro idioma que la ŏ diptongue en ue ante yod (de dŏnna, dueña; de sŏmnium, sueño, etc.). Paella es catalanismo, porque patella, que en latín era ‘plato en que se cocía la vianda y se servía a la mesa’, en castellano evolucionó a padilla y en catalán a paella, de donde la tomó nuestro idioma, para dar nombre a una comida, no así al recipiente en que se cocina, para el que hemos creado paellera. Parafernalia, palabra de raíz griega, con el significado de ‘conjunto de cosas, equipamiento’ es un anglicismo, porque fue en inglés donde adquirió dicho significado y de esa lengua lo hemos tomado.

El que una palabra proceda de otra lengua anterior, tampoco invalida el considerarla catalanismo, si ha sido el catalán el idioma a través del que ha entrado en el castellano. Nadie niega que guerrilla (diminutivo del germanismo guerra; germ. *werra, ‘pelea, discordia’) es un castellanismo que ha pasado a multitud de lenguas, porque fue en nuestro idioma donde adquirió el significado de ‘lucha de un pequeño grupo de paisanos, que combate a un ejército enemigo’, es decir, no es un diminutivo propiamente dicho que significara ‘pequeña guerra’.
Un mismo término puede tener la misma forma, o parecida, en catalán, francés, aragonés o italiano. Para determinar de qué lengua es préstamo se deben tener en cuenta criterios extralingüísticos (relaciones sociales o históricas entre los territorios; momento de la aparición en cada lengua, etc.).

No pretendemos sentar cátedra en ningún asunto de los tratados en este blogo. En unos casos, puede haber diferentes opiniones fundamentadas; y siempre hay lingüistas mucho mejor preparados, que han dedicado un gran esfuerzo a estudiar lo que nosotros exponemos brevemente y un tanto a la ligera.
No obstante, para quienes quieran crearse su propia idea sobre los catalanismos del castellano, ofrecemos las fuentes que utilizamos en nuestro artículo:
Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Joan Coromines y José Antonio Pascual.Enciclopedia lingüística hispánica de G. Colón.
Tesis doctoral de Marta Prat Sabater:
“Préstamos del catalán en el léxico español”
Historia de la lengua española de Rafael Lapesa
Manual de Gramática Histórica de R. Menéndez Pidal.
Artículos relacionados:
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Arabismos en el español de la agricultura y la jardinería.
Etimología popular.

2 comentarios:

Canario dijo...

Mas claro...¡el agua!

Es curioso como alrededor de las lenguas, que no deberían ser nada más y nada menos que sofisticados instrumentos de comunicación que evolucionan constantemente, te encuentras con personajillos cargados de ira que parecen agazapados a la espera de encontrar "piedrecillas" para arrojar a los demás, provocando conflictos artificial e interesadamente con debates estériles y bastante estúpidos como este de si esta lengua ha "copiado" más que esta otra, o si una es más "importante" que la otra.

Pienso que no son más que unos acomplejados a los que no hay que prestar atención.

Mientras, os animo a seguir con vuestros interesantes artículos, recuerdo uno reciente sobre los "lusismos", y como no llevo mucho tiempo con vosotros no se si habéis tocado el tema de los importantísimos "arabismos" en nuestras lenguas hermanas.

PD: ¿Que sería el Portugués, una "prima hermana" o una "hermanastra"? ;-)

Anónimo dijo...

Una vez más, gracias Esopo por ilustrarme. Un artículo excelente.
Saludos, LJ.