Nombres propios en la Lengua de Signos

De la misma forma que las personas oyentes utilizan el nombre de pila para nombrarse, los sordos emplean, en Lengua de Signos, una seña característica y distintiva para cada persona.
Aunque pueden deletrear los nombres propios mediante el alfabeto dactilológico (un signo para cada letra), esto resulta un método lento y poco eficaz en la conversación normal, por lo que suelen valerse de una seña distintiva que aluda a un rasgo característico de la persona.
Lo más frecuente es la seña elegida pueda hacerse con una sola mano en la zona de la cara, porque la mayoría de las señas utilizadas por la Lengua de Signos se realizan en esa zona, donde también se centra la vista del destinatario.
Encontrar una seña que se refiera a un rasgo característico de la persona, y que pueda utilizarse como su nombre propio, no suele ser difícil para las personas sordas. Los procedimientos más frecuentes para nombrar a alguien son:
  • Fijarse en una característica física visible en la cara: tener un lunar o una cicatriz, la forma de la nariz, de las orejas o del pelo, el bigote o la barba, la utilización de gafas, etc.
  • Utilizar el signo del nombre común, cuando el nombre propio coincide con alguno o es muy similar. Así, quien se apellide Lobo, puede ser nombrado con el mismo signo que el animal; quien se llame Rosario, con el signo del rosario, etc.
  • Utilizar el signo, si lo tiene, del santo o la Virgen que se corresponde con el nombre de la persona. Algunos nombres, por su frecuente aparición en la liturgia o por su relevancia tradicional, han generado un signo propio que puede ser utilizado para las personas que tengan ese mismo nombre: Jesús, María, Pedro, Ángeles...

    Con menos frecuencia también se recurre a:
  • Rasgos físicos que no se localizan en la cara: delgado, gordo, cojo...
  • El carácter de la persona: alocado, despistado, serio...
  • Las aficiones o la profesión de la persona: fútbol, baloncesto, cocinero, carpintero...
  • La seña que nombra al padre o a la madre, de igual forma que en la sociedad general se pone a un niño el nombre del padre o del abuelo.
  • Representar la inicial del nombre con el alfabeto dactilológico: A para Antonio o R para Ramón.

    Cuando una persona no ha elegido su propia seña (generalmente, porque no es sordo), son los sordos quienes, por convención, se la adjudican y de esta forma “lo bautizan”, de forma similar a como en muchos pueblos se pone un mote o apodo a una persona.
    A modo de ejemplo, los sordos de España utilizan, en la Lengua de Signos Española (LSE), la seña de la ceja para nombrar a Rodríguez Zapatero y la del bigote para Aznar. En general, son señas que no resultan ofensivas y que quien las recibe suele aceptarlas sin problema, porque tienen una gran utilidad comunicativa para las personas sordas. No obstante, en ocasiones, esta forma de “bautizar”, puede dar lugar a una polémica, como ocurrió en 2008 en Tailandia con el primer ministro Samak Sundaravej.

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