Gestos y mentiras

Cuando hablamos, podemos decir la verdad o mentir y no ser sinceros.
Mentir con palabras es sencillo, pero no tanto que el lenguaje del cuerpo, los gestos y otros elementos no verbales se correspondan con lo que estamos hablando. Lo habitual es que nos traicionen y caigamos en gestos que delatan las mentiras: son los llamados deslices gestuales, muy difíciles de evitar. Quizá sólo puedan evitarlos quienes se dedican profesionalmente a la mentira: los actores, los magos, los vendedores charlatanes, los abogados, los políticos... No hay que olvidar el caso de los mentirosos patológicos, estudiados por la Psicología o Psiquiatría, que llegan a creerse sus propias mentiras y, por tanto, no dar señales insinceras.

La cara engaña mejor que la posición corporal. Por esta razón lo más conveniente para mentir es limitar al máximo la gesticulación y tratar de ocultar el cuerpo, aunque esta actitud, a su vez, puede dar indicios de nuestra poco sincera intención.

La mayoría de las personas mentimos mal, y sólo nos salvamos porque los receptores son tan torpes para darse cuenta como nosotros para mentir. También hay que tener en cuenta que los demás pueden descubrirnos, pero no lo manifiestan por diversos motivos: son reservados, nos temen o colaboran con nosotros porque esa mentira es útil para las relaciones sociales. También cabe la posibilidad de que se sospeche la mentira, pero no es evidente, y el destinatario no puede llegar a optar por denunciarla o cooperar con el emisor. No hay que olvidar la situación en la que la víctima es la que pide la mentira y su satisfacción es ser engañada con habilidad: es el caso del público del cine, del teatro y de los espectáculos de magia.

¿Cuáles son los principales deslices gestuales o señales que nos traicionan al mentir?
  • Limitar el movimiento de las manos: si una persona, en una conversación durante la que viene moviendo las manos con soltura y naturalidad, limita repentinamente esos movimientos, es muy probable que vaya a mentir u ocultarnos algo que considera que debería decirnos.
  • Hacer más frecuentes los gestos que implican tocarse la cara, especialmente si consisten en tocarse la nariz, el cuello, las orejas o cubrirse la boca (chupar un cigarrillo o un bolígrafo, tocarse los labios, la barbilla o el bigote...)
  • Hacer gestos con las manos que indiquen ‘indiferencia’, más amplificados y frecuentes de lo que exigiría el tema del que está hablando.
  • Elevar el tono y el volumen de la voz y hablar más rápido de lo que venía siendo habitual durante la conversación, o vacilar en la pronunciación de algunas palabras.
  • Hacer menos frecuente el contacto visual con el interlocutor, a la vez que suele aumentar el ritmo del pestañeo; o mirar, mientras se miente, a la izquierda, si la persona es diestra o a la derecha, si es zurdo. No obstante, el comportamiento de la mirada puede no ser muy significativo, porque está muy condicionado por la personalidad y la cultura.
  • Parecer inquieto en el asiento, como estuviera sujeto a él, pero quisiera levantarse e irse.
  • Adoptar posturas corporales “defensivas”, como pueden ser cruzar los brazos o las piernas.
  • Algunas veces, parece que los gestos de la cara no cambian según el discurso sea sincero o falso, pero seguramente se producen algunos movimientos que exigen un profundo conocimiento de la persona o grabar la conversación con imágenes para después estudiarla. Es lo que hace habitualmente la policía en los interrogatorios de los sospechosos.

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