Parafernalia: significado, etimología y evolución de la palabra.

Parafernalia, en español, significa el ‘conjunto de usos habituales en determinados actos o ceremonias, y de objetos que en ellos se emplean’ (DRAE, 2001, con la nota de que se usa más en sentido irónico) ‘conjunto de ritos y detalles que dan solemnidad u ostentación a un acto’ (Diccionario de Uso de María Moliner) ‘conjunto aparatoso de elementos rituales o decorativos que rodean un acto o a una persona’ (Diccionario del español actual) o ‘lo que rodea a algo, haciéndolo ostentoso, llamativo o solemne.’ (Diccionario Clave).
Así, por ejemplo, la parafernalia de una boda sería todo lo accesorio al simple hecho de casarse en la iglesia o el juzgado: los trajes elegantes de los invitados, los mismos invitados, el coro contratado para la ceremonia, los coches elegantes que transportan a los novios, la recepción de los invitados en el restaurante, el convite, etc.

Pero en inglés la definición es más amplia: se refiere tanto a ‘los usos y cosas utilizadas en un acto o ceremonia, pero que se consideran accesorias’ (similar al uso en español) como a un ‘conjunto de objetos que está relacionado con una actividad determinada o que pertenecen a alguien’.

La etimología de la palabra procede del griego (παράφερνα, compuesta de παρά, pará ‘junto a, al margen de’ y φερνα, ferna ‘dote matrimonial’) y, en la Roma Antigua, parafernalia (plural neutro del adjetivo parafernal, -alis) sirvió para referirse a los bienes que la mujer conservaba como propios después del matrimonio (parafernalia bona), en oposición a los bienes dotales, que eran los aportados en la dote.

En la dote solían estar incluidos los bienes más importantes, de forma que los bienes parafernales, en la mayoría de los casos, serían muy variados y de menor valor. En las leyes inglesas y escocesas, hasta la Ley de Propiedad de las Mujeres Casadas de 1870 (Married Women's Property Acts), parafernalia se refería expresamente a las pertenencias personales de una esposa como la ropa y la joyería, porque el resto de sus bienes (cualquier retribución dineraria, propiedad e incluso herencia) pasaban al marido en el momento de casarse. Seguramente por la asociación con las pequeñas pertenencias personales, en el inglés del siglo XVIII, la palabra fue tomando el sentido de ‘conjunto de muchas y variadas cosas accesorias a lo fundamental’.

En nuestra lengua el uso de parafernalia fue poco frecuente, hasta los años setenta del siglo XX, y se limitaba a significar ‘conjunto de ritos o de instrumentos que rodean determinados actos o ceremonias’, que la Academia recogería más tarde en la edición de 1989 de su Diccionario:
"Mi general recibió a sus candidatos al préstamo forzoso con el ceremonial y parafernalia de semejantes casos. Estaba en pie, detrás de su mesita de campaña: abotonado hasta el cuello el chaquetín; afeitado con esmero; vueltas hacia arriba, a lo Káiser, las agudas guías de sus bigotes, y abombado el pecho...” (Martín Luis Guzmán El águila y la serpiente México, 1926-1928)
“Al final hay un gran fin de fiesta por toda la compañía con abundante repartición de medallas, saludos militares, himnos, etc. El comentarista confiesa que en el cine toda esta parafernalia de los militares lo ha dejado siempre frío y con cierta sensación de fastidio y aburrimiento”. (Néstor Almendros, Cinemanía, España, 1947 a.1975)
A partir de entonces, y por influencia del inglés, el empleo se hizo mucho más frecuente; y no sólo con el significado aceptado por la Academia, sino también con el de ‘conjunto de objetos relacionados con una actividad’:
“Para este montaje de campaña se necesitaban cuatro vehículos y un pequeño autobús. Obviamente todos ellos convenientemente engalanados con carteles, banderas y parafernalia electoral” (Julio Feo, Aquellos años, España, 1993)
“Apenas llegó ante Numancia, Escipión purgó al ejército de prostitutas, afeminados, procuradores y adivinos, y ordenó a los soldados vender toda parafernalia excesiva y limitarse a una olla de cobre y un plato y a no comer nada, excepto carne hervida”. (Carlos Fuentes, El espejo enterrado, México, 1992)
La Fundación del Español Urgente recomienda, con este uso, utilizar los términos españoles utillaje, utensilios, adminículos, etc. Por su parte, Fernando Lázaro Carreter, en su libro El dardo en la palabra no lo censura, porque cree que aporta un significado del que estas palabras españolas carecen, aunque (con cierto sentido purista) se comprometía a no utilizarlo.
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3 comentarios:

marie dijo...

me ha sido de gran ayuda su articulo. pero aun me queda una duda, y es que si la palabra parafernalia esta liagada de algun modo a infierno o infernal. si fuese tan amable de contestarme se lo agradeceria.
saludos
maria

Esopo dijo...

Estimada Marie:
Consideramos que no hay relación etimológica ni de significado entre 'parafernalia' e 'infierno'.
la primera palabra procede, como hemos dicho, del griego para+ferna (dote). Infierno procede del adjetivo latino infernus,-a,-um (en su forma neutra) y significa 'lo que está debajo', 'la parte de abajo'. El significado teológico lo adquirió, seguramente, por influencia del dualismo neoplatónico que consideró el alma (parte estiritual) como superior y el cuerpo (parte material) como inferior.
Al morir, el cuerpo iba a la sepultura, que la Biblia, denomina algunas veces como "infierno" (V. Covarrubias).
'Infierno' se relaciona etimológicamente con 'inferior', 'ínfimo', 'infra-'...
Esperamos haber respondido a tu duda.

Anónimo dijo...

tengo una duda, la palabra parafernalia tiene algo que ver con una persona exagerada con su reacción