Significado de lívido: de morado a pálido.

El adjetivo lívido es una de esas palabras que han adquirido un significado muy diferente al original. En el último Diccionario de la Real Academia Española se recogen dos acepciones: 1- amoratado. 2- Intensamente pálido.
Etimológicamente, procede del latín lividus ‘azulado negruzco, violáceo’; y con este significado lo incluyó la Academia en su Diccionario, en 1803. El sentido de ‘intensamente pálido’ apareció por primera vez en el diccionario académico en la edición de 1984.

¿Por qué “lívido” adquirió el significado de ‘intensamente pálido’?

Los primeros ejemplos recogidos por el CORDE de la Real Academia Española tienen el significado 'amoratado', porque pertenecen a textos médicos, y se debe a la Medicina la introducción del término, procedente del latín, para definir con precisión un color:

"Pero si los bubones mostraren color lívido, negro o de diversos colores, y estiomenoso no hay que gastar tiempo en abrirle ni con lanceta ni con fuego o causto, sino luego, al punto, sajarle profundamente alrededor y por todas partes, lavándole con agua y sal y poniéndole las medicinas que con más eficacia desequen (...)” (Luis Mercado, Libro de la peste, 1599).
“Y por lo que mira al color, el lívido, o cárdeno, o aplomado, también se observa en los que tienen alguna entraña principal viciada, aunque no muy próximos a la muerte”. (Benito Jerónimo Feijoo, Cartas eruditas y curiosas, vol. 3 , 1750).

Aunque lívido también se tomó para definir colores en otros campos semánticos (p. ej.: el color que adquiere el cielo en algunos crepúsculos), la mayoría de las veces que aparecía era en situaciones relacionadas con la muerte, próxima (“el bubón lívido o negro, a pocos perdona en constituciones peligrosas, y si alguno se ha de escapar, se echará de ver luego”, Manuel de Escobar, Tratado de la esencia, causa y curación de los bubones y carbuncos pestilentes, 1600) o reciente (Las livideces cadavéricas son un fenómeno general que empiezan a formarse poco después de la muerte y aumentan paulatinamente de color y extensión).

Por otra parte, la muerte suele representarse por un descolorido esqueleto o calavera, y simbólicamente se la ha relacionado con lo pálido y blanco (la luna, la guadaña, la espada, las armas blancas en general). Son abundantes las referencias a “la pálida muerte”:

"Por sus calles la pálida muerte con el hambre rabiosa vagaba" (Cristóbal de Beña, 1813). "...trocándole el curso de la suerte, por rubio oro le dió pálida muerte". (Bernardo de Balbuena, 1624). “Pues la pálida muerte pisa con pies iguales chozas de humilde suerte y palacios reales.” (L. Fernández de Moratín). “La causa por el efecto, ó este por aquella. (...) puedes decir pálida muerte,(...) porque la palidez es un efecto de la muerte”. (Juan Francisco Masdeu, 1801).

No fue difícil relacionar la palidez y el adjetivo lívido, cuando éste solía aparecer en el contexto de la muerte y ésta se representa pálida y descolorida. A la confusión contribuyó el que a menudo apareciese en textos donde coincidían referencias a lo morado y a lo pálido:

“nuestro primer padre Adán (...) no sabia él qué cosa era muerte, no tenia della experiencia, hasta que vió al inocente Abel, hijuelo suyo, muerto á las manos del fratricida y maldito Cain, tendido, en el suelo, quebrados los ojos, el rosicler de su hermoso rostro vuelto en pálido y aberengenado y lívido color, sin mover miembro alguno y sin aliento(...)” (Jerónimo Alcalá Yáñez y Ribera, El donado hablador Alonso, mozo de muchos amos, España, 1626)

Al referirse ambos significados al color, es prácticamente imposible que puedan sobrevivir los dos en la lengua común, porque se producen ambigüedades semánticas que el contexto no puede resolver. Su empleo tiene que ir acompañado de una aclaración, porque un mismo autor, en la misma obra, puede emplearlo en las dos acepciones:

“muestra cierto color sanguinolento, tirando a lívido, que no falta sino raras veces en el reverso”; “perdiendo el color, se pone lívido o de una palidez cadavérica”. (Pío Font Quer, Plantas Medicinales. El Dioscórides Renovado, 1962).

El uso general, se ha decantado por el sentido de ‘intensamente pálido’, apoyado por la tendencia de nuestra lengua a asociar las palabras esdrújulas a los conceptos superlativos, y el original ‘amoratado’ ha quedado reducido a textos literarios o traducciones del inglés en el que livid conserva el significado original. En francés, livide ha sufrido el mismo proceso que en castellano, y el Dicctionaire de la Académie Française proporciona dos acepciones: ‘de color plomizo, azulado y que tiende al negro’ y, “como impropia, pero que ha llegado a ser de uso general”, ‘de palidez extrema’.
Tal es la fuerza del uso general que el lenguaje científico de la medicina (a quien se debe la introducción del latinismo en las lenguas modernas) ha empezado a considerar inservible el adjetivo lívido, por su doble significado, y prefiere “livor mortis” a livideces cadavéricas, y “ciánico” a lívido.

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