Disfrutemos de la palabra libido, sin errores.

No debe confundirse el sustantivo libido con el adjetivo lívido.

A menudo,“libido ‘deseo sexual’ aparece escrito como *líbido o *lívido (con acentuación esdrújula y error ortográfico por influencia del adjetivo lívido, ‘amoratado’ o ‘pálido’). Otro error muy frecuente es considerarlo un sustantivo masculino, por su terminación en –o. Y en internet hemos encontrado ejemplos de *líbida o *lívida escritos por alguien que es consciente del género femenino del sustantivo, pero no encuentra sentido a la terminación en –o.

Como hemos visto en otras ocasiones (con álgido o lívido), estos errores son frecuentes cuando palabras procedentes de lenguajes especializados se generalizan en la lengua común.
Libido es un latinismo (libīdo,- īnis) que conserva el género femenino, la acentuación llana y la b etimológica.

En latín, libido no se refería sólo al ‘deseo carnal’ o a la ‘lujuria’, sino a cualquier ‘deseo o ansia’ e, incluso, a ‘capricho o antojo’:
“es libidinosus quien faze lo que le mas agrada. & libido es cobdicia que satisfaze. aquel quier appetito dela voluntad”. (Alfonso de Palencia, Universal vocabulario en latín y en romance, 1490)
Con el sentido de deseo intenso, pero jugando con la referencia pecaminosa lo utiliza Ramón Pérez de Ayala:
“Los dos estaban aquejados de libido sciendi, concupiscencia de saber, lujuria científica”. (Belarmino y Apolonio, 1921)
En castellano, lujuria fue el término elegido para definir el deseo sexual, por su consideración generalmente pecaminosa y, hasta la aparición del psicoanálisis, la palabra libido sólo se encontraba en textos o traducciones latinas o como puro latinismo que necesitaba ser explicado:
“...así commo dize Çíçero: Ex hac parte honestas, illic turpitudo; hinc continencia, illinc libido (...) Esto quiere dezir: "D'esta parte honestad, de allende torpedat o laydeza; de aquende continençia, de allende luxuria...” Las Etimologías romanceadas de San Isidoro, Anónimo, 1450)
“...respecto de toda la persona en los niños es concupiscibilidad, y en los ya crescidos concupiscencia, y, cuando ya inclina a la mala obra, se llama libido, que es delectación de la carne”. (Juan de Pineda, Diálogos familiares de la agricultura cristiana, 1589)
Freud introdujo el término latino libido para referirse a "aquella fuerza o energía con que se manifiesta el instinto sexual, análogamente a como en el hambre se exterioriza el instinto de absorción de alimentos" (Introducción al Psicoanálisis) y designa todos los deseos, necesidades y aspiraciones que tienden a satisfacer el instinto sexual. Luis López Ballesteros, que fue el primero en traducir, entre 1922 y 1930, las Obras Completas de Freud, mantuvo el término libido porque lujuria estaba cargada de peyorativos tintes morales, que no podía asumir el nuevo concepto especializado. Un arqueólogo de la la lengua, hubiera podido rescatar libídine.
A la difusión del término libido en la lengua española y del nuevo concepto a él asociado, contribuyeron decisivamente el doctor Gregorio Marañón (Ensayos sobre la vida sexual, 1919-29; Climaterio de la mujer y el hombre, 1919-36 y Manual de diagnóstico etiológico, 1943) y, más tarde, el psiquiatra López Ibor.
El Diccionario de la Real Academia Española incluyó por primera vez el término en su edición de 1956, como propio de la Medicina y la Psicología, ‘el deseo sexual considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica’. Otros diccionarios simplifican la definición a ‘deseo sexual’.Actualmente, la divulgación científica, una mayor libertad para hablar sobre el sexo y el habla presuntuosa de muchos han contribuido a que la palabra libido haya sobrepasado los límites del lenguaje especializado y muchos hablantes con formación insuficiente cometan los errores que detallábamos al principio.

Siempre nos quedará la posibilidad de aprovechar el resbaladizo terreno en que se mueven los parónimos para juegos literarios:
“Ahí en medio está el asunto, aclarado por los libros de patología moderna, ayudado por la larga teoría de los deseos insatisfechos, iluminado con la luz lívida de la libido aclarada”. (R. Gómez de la Serna, Automoribundia, 1948).
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