Los puristas siguen afirmando que una victoria solo es pírrica cuando ‘se obtiene con más daño del vencedor que del vencido’ y es incorrecto aplicar la expresión al hecho de que un candidato político gane unas elecciones con poco margen de votos, o un equipo de fútbol, por un solo gol.
De acuerdo con las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), el significado de “pírrico, -a” parece amplio y puede referirse a distintos conceptos: existen dos adjetivos homónimos con ámbitos significativos diferentes y uno de ellos tiene, a su vez, tres acepciones.
El primer adjetivo es el más conocido por los hablantes y suele emplearse (como estamos viendo) asociado al concepto de victoria o triunfo. La edición de 2001 del DRAE lo define como: “1. Dicho de un triunfo o de una victoria: Obtenidos con más daño del vencedor que del vencido. 2. Conseguido con mucho trabajo o por un margen muy pequeño. 3. De poco valor o insuficiente, especialmente en proporción al esfuerzo realizado.”
El origen de la expresión victoria pírrica y del adjetivo pírrico está en el último cuarto del siglo XIX, y muy ligado con la recuperación del interés por el Mundo Antiguo. Los primeros ejemplos los encontramos casi simultáneamente en inglés (el primer empleo de Pyrrhic victory parece datar de 1885) y en español, aunque no fue admitido, en su primera acepción, por la Academia hasta el Suplemento de la edición de 1970 del Diccionario:
"Tan pírrica fué esta victoria, que el Libertador « humillado », según sus propias palabras, tuvo que repasar el Juanambú el 10 de mayo á la vista del enemigo” (Aníbal Galindo, Las batallas decisivas de la libertad, 1883).
No pudiendo felicitarle a usted por su triunfo científico, que fué una victoria pírrica, le alaban por su brillante éxito ORATORIO." (Luis Jiménez de Asúa, Política. Figuras. Paisajes, 1927)".
Pero no faltan ejemplos en los que se le da el claro sentido de 'muy pequeño':
“...doce o catorce pelagatos muy listos y expertos, [...] constituían una falange pírrica que decidía la victoria [electoral], se les daba el calificativo nombre de micos.” (Antonio Ledesma Hernández, Canuto Espárrago, 1903)
"Victoria Pírrica de Goldwater. El triunfo de Barry Goldwater sobre Nelson Rockefeller en las elecciones primarias, produjo consternación entre los republicanos liberales y moderados". (Hispano Americano, 1964).
"No era una victoria completa, pero tampoco una victoria pírrica". (Ernesto Guevara, Relatos de la Guerra Revolucionaria, 1965)
"Victoria pírrica de Joaquín Leguina en el PSOE de Madrid tras la ruptura del ala izquierda. [...] Ocupa desde ayer la secretaría general del PSOE de Madrid, con el 27 % de los votos del mismo". (El País, 11/12/1979)
"El Rácing puede celebrar con júbilo el empate en su Sardinero porque el visitante era el campeón y vecino equipo donostiarra, que estaba en victoria pírrica y el viento de un penalty le anuló la ventaja". (ABC, 27/09/1982)
La tercera acepción, 'insuficiente en relación con el esfuerzo realizado' también estaba desde los años sesenta del siglo XX:
“Sin embargo, tal victoria fue, en el mejor de los casos, un triunfo pírrico para el secretario de Estado Rusk, pues no sólo la delegación norteamericana obtuvo un escaso voto mayoritario en favor de su política, después de angustiosas conversaciones diplomáticas. (Gordon K. Lewis, Puerto Rico: Libertad y poder en el Caribe, 1969)
El segundo adjetivo pírrico, menos conocido y usado, está en el Diccionario desde 1884, cuando lo recuperaron, entre otros, los académicos Juan Varela y M. Menéndez y Pelayo aunque pudo haber estado desde el de Autoridades, porque venía siendo empleado desde finales del siglo XV. Se refiere a una danza guerrera de la Antigua Grecia, de la que se dice que la creó un mítico personaje, aunque no esté muy claro si fue Pírrico (que pudo ser un curete de Creta que veló sobre Zeus niño) o Pirro el Rubio, sobrenombre de Neoptóleno, el hijo de Aquiles:
“bailaban y representaban una fábula griega, que se llama pírrica”. (Traducción atribuida a Diego López de Cortegana, en 1500, de La metamorfosis de Apuleyo)
“...cierto paso gimnástico que hacen los soldados [de Prusia] [...] que ha de tener algo de la antigua y celebérrima danza pírrica de los espartanos” (Juan Valera, Correspondencia 1847-1857)
“¿Por qué no suena el belicoso canto? / ¿Por qué no emprende la falange altiva / Pírrica danza?” (M. Menéndez y Pelayo, “Himno a Grecia”, 1875)
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