Nominaciones y nominados

¿Qué significa nominar y nominación? ¿Es correcto decir "nominaciones para los Oscar" y "actor nominado"? ¿O, como dicen los puristas, estas palabras son anglicismos injustificados e innecesarios? ¿Conocen estos puristas los usos y significados de nominar y nominación en el castellano clásico?
Veamos, en primer lugar, cómo las define el Diccionario de la RAE (2001):
nominar. (Del lat. nomināre).
1. tr. Dar nombre a alguien o algo.
2. tr. Designar a alguien para un cargo o cometido.
3. tr. Presentar o proponer a alguien para un premio.
nominación. (Del lat. nominatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de nombrar.
2. f. Acción y efecto de nominar.

Por tanto, según la Academia, es correcto utilizarlas en los ejemplos anteriores. Aunque, hasta hace poco, su uso era restringido, en el español actual se han recuperado y extendido por influencia del inglés; incluso se abusa de ellas al hablar de aspectos ligados a la cultura anglosajona, como son la designación de candidatos para las elecciones norteamericanas y los premios cinematográficos (los premios Goya o los Oscar). Conviene alternar estar nominado con estar propuesto, ser candidato o ser aspirante; y nominación con candidatura.

Se equivocan quienes condenan el uso actual de nominar cuando dicen que “desde el Diccionario de Autoridades (1734) hasta la edición de 1992, el único significado registrado de [nominar] era ‘dar nombre a una persona o cosa’. (1) Creemos que repiten un error difundido por Lázaro Carreter en sus famosos Dardos, sin molestarse en comprobar los Diccionarios.

La verdadera historia lexicográfica de nominar y nominación es otra:
Tanto nombrar (forma romance) como nominar (forma culta) proceden de nominare, que en latín significaba tanto ‘nombrar’ o ‘mencionar’ como ‘designar’. La existencia de ambas formas no implicaba una diferencia de significado, sino de uso: la forma romance era de uso general, mientras que la forma culta era de uso esporádico y solía limitarse a textos notariales o historiográficos.
Por esta razón, desde el Diccionario de Autoridades (1734) y hasta la edición de 1954, la Academia definió nominar como ‘lo mismo que nombrar’ o simplemente ‘nombrar’. En coherencia con esto, durante todo ese tiempo, nominación fue ‘lo mismo que nombramiento’. Ya en la primera edición del Diccionario encontramos que nombrar es ‘elegir o señalar a alguno para algún cargo o empleo’ (es decir, se nombra tanto cuando se elige como cuando se señala, o propone) y nombramiento es la ‘acción o efecto de nombrar’ y la ‘cédula o despacho en que se nombra a alguien para un cargo u oficio’.
No fue hasta la edición de 1970 del Diccionario, cuando quizá un falso purismo escandalizado por la frecuente aparición de los términos nominar y nominación asociados al cine (americano, por supuesto) y a las elecciones democráticas (americanas, por supuesto), debió de imponer la redefinición de ambas como ‘dotar de nombre a una persona o cosa’ y ‘acción o efecto de nombrar’.
De esta brocha se han quedado colgados los pretendidos puristas, sin acudir a los textos clásicos ni consultar los diccionarios académicos, en cuyas ediciones manuales de 1984 y 1989, (en esta última con la advertencia de que es un anglicismo) nominar ya era ‘elegir o señalar a uno para un posible cargo, dignidad, premio, etc.’ y en el lema de nominación se añadió, al de ‘nombramiento’, la definición injustificadamente restrictiva de ‘elección de la persona que debe desempeñar un cargo eclesiástico’. Al inicio del artículo ya hemos visto las definiciones actuales, en las que no se incluye ninguna marca sobre el origen o uso de estas palabras.

Actualmente y en general, nombrar y nominar distribuyen su uso de la siguiente forma:
Nombrar se suele emplear con el sentido de ‘designar o elegir a alguien para un cargo, oficio de relevancia o premio’: se nombra ministro, director general, interventor, mejor jugador del año, etc.
Nominar, en cambio, suele utilizarse como ‘proponer, presentar o señalar a alguien para que se le premie, se someta a unas elecciones o se le conceda un beneficio’: “¿Quién está nominado para los Oscar?, “En las primarias, el partido político nomina el candidato para las elecciones generales”.

Errores frecuentes con estas palabras:
Con uno u otro verbo es incorrecto anteponer como al cargo, premio o puesto al que se presenta: no se puede decir “*nombrado como embajador” o “*nominado como candidato a diputado”.
Tampoco es aceptable usar el verbo nominar como ‘proponer a alguien para un castigo o algo negativo’. Parece que este error ha surgido y popularizado en programas de televisión, como Gran Hermano, en los que “se *nomina a los concursantes para ser eliminados”. Como en otros casos, el error surge cuando la pedantería ignorante toma un cultismo o préstamo especializado para utilizarlo en ámbitos ajenos al de la adopción original.

Veamos con más detalle la evolución de nominar y nominación:
En muchos textos antiguos nominado tiene un valor deíctico dentro del texto y equivale a ‘citado’, ‘mencionado’: “los cinco nominados pueblos”, “los nominados señores”...
Los significados de nominar como ‘designar para un cargo’ o ‘proponer para un beneficio’ ya estaban en el uso tradicional del castellano. Por ser semánticamente tan cercanos, el sentido exacto depende de un contexto extralingüístico como es el poder y autoridad del nominador (‘el que elige y nombra a algún sujeto para algún empleo’): con autoridad suficiente la nominación conlleva alcanzar el oficio o beneficio; sin ella, la nominación sólo es una propuesta, una candidatura.
Aunque el significado habitual de nominación fue el de ‘nombramiento o designación para un cargo u oficio’, no necesariamente eclesiástico, en tiempos de los Reyes Católicos ya equivalía a ‘propuesta’:

“Sobre lo que añade acerca de la nominación de interventor y guarda almacén, no me parece debe hablarse nada en este particular aquí.” (Epistolario de Pedro Rodríguez Campomanes, 1759)
“...si el maestre de Rodas hubiere de entender en ello, enviad la nominación, que fuere menester, para el maestre de Rodas, de guisa que se envíe de ahí la provisión, que fuere menester, del duque, para quien en ello hubiere de entender.” (Documento notarial de los Reyes Católicos al embajador en Venecia, 1496)

Más claro estuvo, desde el inicio en inglés, que, cuando adopta una palabra latina, suele recurrir a las fuentes originales. Aunque tomó nominee, to nominate y nomination con el sentido de ‘llamar por el nombre’, rápidamente amplió su uso a ‘nombrar (a alguien) para un cargo o función’ y poco más tarde al de ‘presentar formalmente (a alguien) como candidato a una elección’. (2)
No obstante nominar era ‘proponer a alguien para un cargo o beneficio’, mucho antes de que a principios del siglo XX, los periódicos empezaran a publicar crónicas de la política norteamericana y, a través de ellas, revitalizaran el significado de nominación como ‘candidatura’ y de nominado como ‘candidato’:

“...para que el prelado diocesano les dé la canónica institución de ellos [de los curatos], sin formarse concurso a los tres primeros, pues no pueden optarlos otros [religiosos]que los tres nominados.” (Conde de Superunda, Relación de los principales sucesos de su gobierno, Perú, 1745-1756)
“En su nominación [de Alfred Smith], el Partido Demócrata se ha mostrado más conservador que el Republicano”. (José Carlos Mariátegui, Artículo sobre la campaña electoral en los Estados Unidos, Perú, 1928)

A partir de mediados del siglo XX, la información de los premios Oscar de cine, más atractiva que la información política, contribuyó a que los hispanohablantes recuperaran un significado tradicional, gracias a la influencia del inglés:

“...grandes retratos al óleo de los candidatos a alcalde, a concejal, a senador que parecen todos nominados al Oscar, de creer al artista del pincel que los magnificó -y retocó un poco”. (G. Cabrera Infante, Tres tristes tigres, Cuba, 1964-1967)

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