Es una palabra de etimología griega, formada por idio ‘propio, particular’ y synkrasis 'temperamento', a su vez está constituida por syn ‘unión’ y krasys ‘mezcla’. Los romanos llamaron a este concepto temperamentum ‘combinación proporcionada de los elementos de un todo; moderación, justa medida’ (derivado del verbo tempero ‘moderar’).
En español, el término nació en la Medicina para designar ‘la complexión o mezcla de humores propia de un individuo' y el DRAE lo incluyó en 1869 como ‘temperamento individual, complexión peculiar de cada individuo’:
“...en patología se asegura la herencia con la unión de seres de igual idiosincrasia” (Ecequiel Martín de Pedro, Manual de Patología y Clínica médicas, 1876).
“Su primer pensamiento, en todo conforme a la idiosincrasia de tan positivista matrona [Dª Romualda]” (B. Pérez Galdós, Rosalía, 1872).
"El escándalo as la vida, el alma, la idiosincrasia de Nápoles. (Pedro Antonio de Alarcón, De Madrid a Nápoles..., 1861) .
“¡La holgazanería!, es decir, la idiosincrasia nacional; mejor dicho, el genio nacional.” (B. Pérez Galdós, La familia de León Roch, 1878).
Aunque en el significado original no ha desaparecido de la terminología médica, suele referirse a la ‘disposición particular de un individuo, por la que no tolera un medicamento, alimento u otro agente’ y a ‘las reacciones adversas e inesperadas que producen en un pequeño porcentaje de pacientes’:
“Ingestión de determinados alimentos, que crean una idiosincrasia alimentaria”. (Gregorio Marañón, Manual de diagnóstico etiológico, 1943).
Por otra parte, a menudo se leen y escuchan formas erróneas de la palabra idiosncrasia: *idiosincracia, *ideosincrasia o *ideosincracia.
En *idiosincracia, pueden coincidir la ultracorrección de la –s- (por parte de los hablantes con seseo) y la analogía con las palabras terminadas en –cracia ‘poder, dominio’ (democracia, aristocracia...):
“Cierto que a veces [Cervantes] idealizaba de sobra, a despecho de su idiosincracia realista”. (M. Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, España, 1880).
“...nuestra idiosincracia es ajena a toda inspiración foránea...” (Ernesto Sábato, Abaddón el exterminador, Argentina, 1974).
“La ideosincrasia del sujeto cartesiano: su resistencia a la trascendentalidad” (Título del artículo de Elena Nájera Pérez incluido en Trascendentalidad y racionalidad, España, 2000).
“El majestuoso centro de Europa tendría que revivir de las cenizas y ellos ya se encontraban muy lejos, en otro mundo, con otra ideosincracia...” (Cristina Bain, El dolor de la Ceiba, Colombia, 1993).
“Unid la idiosincrasia propia de los países asiáticos, [...] y podréis daros cuenta de la complejidad de Lenin”. (Ángel Pestaña, La caída del dictador, 1932).
Finalmente, sobre los adjetivos derivados de idiosincrasia, el Diccionario Panhispánico de Dudas acepta tanto idiosincrásico como idiosincrático, pero este último, formado a partir de la forma errónea *idiosincrasia, nolo recoge el DRAE.
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