Ortografía: definición y utilidad

La ortografía es la norma que fija el uso de grafías en el lenguaje escrito para representar el lenguaje oral. El objetivo es saber cómo escribir lo que hablamos y cómo pronunciar lo escrito; pero este objetivo básico y fundamental ayuda a mantener la unidad de los idiomas que tienen un elevado número de hablantes dispersos y que, en su habla tienen marcados rasgos dialectales. Sin una alfabetización general que respete la norma ortográfica, esos dialectos se convertirían en idiomas diferenciados.
Por la dificultad de representar sonidos con grafías, en todos los idiomas la ortografía es una convención. Esta convención no la fijan los hablantes de un idioma, sino las “autoridades” culturales, esto es, los hablantes que escriben y tienen un prestigio en la comunidad lingüística. En algunas lenguas, como el español o el francés, la autoridad reside en instituciones (Real Academia Española, Academie Française) que fijan las normas ortográficas que todos los hablantes deben respetar para mantener la unidad ortográfica del idioma. En otras lenguas, como el caso del inglés, al no haber una autoridad definida que pueda cambiar las normas (aunque los diciconarios Webster y Oxford tengan gran influencia en el uso general), la ortografía responde a un criterio etimológico, por lo que la pronunciación se separa cada vez más de la representación gráfica.
En español, o castellano, la ortografía se basa en el criterio fonético: se procura que las letras se correspondan con los fonemas pronunciados. Pero este criterio general se enfrenta al problema de que algunos fonemas pueden representarse por más de una letra (/k/ con c, qu, k), o necesitan dígrafos (/ĉ/ con ch), hay letras que pueden representar más de un fonema (c puede pronunciarse como /k/ o /θ/), que equivalen a dos (x = /ks/ o /gs/) o a ninguno (h = /Ø/).
Hasta la fundación de la Real Academia Española, no había una norma ortográfica definida y aceptada por todas las personas cultas: mientras que unos se decantaban por el criterio fonético y procuraban adecuar las grafías a la pronunciación habitual, otros preferían el criterio etimológico y mantenían grafías que ya no se correspondían con la pronunciación.

Pero la ortografía no se ocupa sólo de cómo deben representarse los fonemas mediante letras. También se ocupa de cómo se representan las sílabas y las palabras (abreviaturas, acentuación, uso de mayúsculas, palabras simples o compuestas...), los rasgos suprasegmentales de la oración (signos de puntuación, interrogación, exclamación...), otros signos (comillas, paréntesis, corchetes, barras...) y el texto (división en párrafos o capítulos, uso de diferentes tipos de letra: negrita, cursiva, subrayados...).
Y todo ello para tratar de acercar la escritura (con todas sus limitaciones) a lo que hablamos (con su riqueza de matices sonoros). La ortografía, con la mala prensa que tiene, ayuda a que los mensajes puedan desplazarse en el espacio y en el tiempo: podemos entender lo que cualquier hispanohablante nos cuenta en un foro de internet desde el otro lado del Atlántico y lo que nos quiso decir Cervantes hace cuatro siglos.

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