Frutas: símbolos eróticos (o espirituales)

Muchas frutas tienen un innegable simbolismo erótico. Sus formas, su sabor, el ser consecuencia de la fertilidad de la tierra... han hecho que se asocien al erotismo y el sexo.
Los tabús sexuales de numerosas culturas han obligado a buscar otras formas de decir lo prohibido, a buscar palabras inocentes. Y las han sacado de los campos semánticos relacionados con la comida. Esto explica que numerosas frutas, verduras o animales den nombre a los órganos sexuales, que el apetito pueda ser ‘gana de comer’ o ‘deseo sexual’ y que el comer sea un eufemismo del acto sexual (comerse un rosco).
En España existen numerosos refranes que relacionan la fruta y la prostitución: “Pastel y fruta, manjar de puta”, “Año de frutas, bueno para las putas”, “La que del rey se hace fruta es una real puta”. En La Lozana Andaluza, de Francisco Delicado, encontramos: “¿Quién te hizo puta? El vino y la fruta”.
Pero, además de eróticos, las frutas pueden ser símbolos espirituales.

LA MANZANA: Esta fruta tiene una doble vertiente simbólica: la sensual y la espiritual.
A lo sexual contribuye el que, en su corte vertical, el corazón tiene forma de vulva.
En Europa aparece como símbolo del amor (en latín, petere malis quandam, ‘“tirar manzanas a alguien’, especialmente a una muchacha, significaba declararle amor), el matrimonio, la primavera, fertilidad, longevidad, o inmortalidad (las mitologías griega, celta y escandinava la consideraron la fruta de los dioses). Aunque en la Biblia no se dice cuál era el fruto prohibido que tentó a Eva, se identificó con la manzana, porque se consideraba objeto de deseo. Así en la iconografía cristiana se convirtió en la imagen de la tentación y el pecado original.
Al mismo tiempo, la hermenéutica la convirtió en símbolo del conocimiento, porque Eva la habría arrancado del Árbol de Conocimiento del Bien y el Mal, y por la forma quíntuple del corazón en su corte transversal. En las manos de Jesucristo, la manzana (u otras frutas esféricas como la granada o la naranja) simboliza la salvación, porque la esfera representa la totalidad.
En China puede representar la paz.

LA GRANADA:
También es una fruta asociada tanto a la tentación sexual como a conceptos filosóficos.
Los romanos la conocían como la manzana de Cartago y la asociaban a la fertilidad, porque se decía que había brotado de la sangre de Dionisio, dios de la fertilidad de la primavera. Al reunir bajo una sola cáscara múltiples granos, puede representar el amor y el matrimonio: cuando Plutón fue obligado por Mercurio a liberar a Proserpina, ofreció a ésta una granada en señal de matrimonio.
Son símbolos secundarios los que le dan la Iglesia y otros poderes terrenales: la agrupación en la unidad de lo numeroso y diverso, la unión de muchos bajo una sola autoridad, las múltiples bendiciones de Dios... En el escudo de España, más allá de la referencia al Reino de Granada, también representa la unidad; por eso está en la base, sustentando el resto de cuarteles del escudo, que aluden a los otros reinos.
En la India también es símbolo de fecundidad y las mujeres beben su jugo para evitar la esterilidad.
Es considerada por algunos como la verdadera fruta de la pasión.

MEMBRILLO:
Venus, a menudo aparece con un membrillo en la mano derecha, regalo del dios Paris. En la Grecia antigua, se ofrecía a las novias el día de la boda como símbolo de fertilidad. Los romanos, siguiendo la creencia, difundieron la costumbre de dar a comer a los recién casados un membrillo antes de llegar al lecho nupcial. Por esta razón, durante el Renacimiento, volvió a ser símbolo del amor y el matrimonio.
En numerosas ocasiones simboliza los genitales femeninos. Covarrubias afirma que “la etimología de membrillo traen algunos del diminutivo de la palabra membrum, por cierta semejanza que tienen los más dellos con el miembro genital, y femíneo”. Y en El Licenciado Vidriera, de Cervantes, una misteriosa dama ofrece un “membrillo toledano” al protagonista, quien al comerlo (eufemismo de acto sexual) cae en la locura. También se consideraba que el dulce de membrillo tenía propiedades afrodisíacas.

HIGO: Desde siempre, se ha asociado a la sensualidad arrolladora y a la fecundidad. Los judíos creían que el fruto prohibido del Génesis era el higo, porque Adán y Eva cubrieron su desnudez con hojas de higuera (no de parra).
En la India, los Vedas lo denominan como "flor de la mujer” o “flor del placer sexual". Y en las celebraciones dionisíacas de la Grecia clásica se comían higos, junto a otros manjares, para activar la libido masculina.
La savia blanca que sale al cortar el fruto, se ha relacionado con la leche materna y con el esperma, por lo que puede referirse tanto a la femineidad como a la masculinidad. Esta es la razón por la que en la tradición judeocristiana el higo representa el órgano genital femenino y en la árabe es el órgano masculino. Y es también la que origina, en algunos lugares de África, la creencia de que remedia la esterilidad y favorece la lactancia.
Las numerosas pepitas que contiene también pueden simbolizar la integración de lo múltiple e individual en algo superior: en la India es el conocimiento adquirido tras la meditación. Parece ser que Buda encontró el Nirvana mientras estaba a la sombra de una higuera. Sin embargo, en nuestra tradición se cree que dormir a esta sombra es perjudicial para la salud, lo que puede proceder del puritanismo sexual.

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